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1 de Octubre de 2016
Comunicación científica

Periodismo, divulgación y educación

La adquisición de conocimientos científicos se produce, sobre todo, por vías no formales.

© PEOPLEIMAGES/ISTOCKPHOTO

Cada nueva generación tiene potencialmente a su alcance un universo de conocimientos científicos que se superpone al anterior y que cada vez es más amplio y complejo. Incluso hoy ya no hace falta esperar a una nueva generación para que fluyan nuevos conocimientos a una velocidad que hace muy difícil estar realmente al día en prácticamente cualquier disciplina. El estatuto de la ciencia contemporánea, su acumulación y su replanteamiento —y, sobre todo, su avance— la convierte en una tarea de compleja aprehensión.

En las sociedades occidentales, la adquisición de conocimientos se produce, en principio, en un contexto formal a través de la escolarización y de los estudios de secundaria y superiores. En estos ámbitos están presentes los libros de texto, las monografías especializadas, los artículos de investigación, etcétera. Esta es la etapa de formación: graduada, orientada y explicada por el profesorado, y sancionada por distintos modos de evaluación. Los ciudadanos alcanzan así un mayor o menor grado de preparación, según sean las oportunidades y voluntades de cada uno.

Pero, fuera de ese ámbito de la educación, hay otras formas de adquisición de conocimientos que se desarrollan a lo largo de la trayectoria de cada persona que entra con plena legitimidad en la vida cultural, social y política. Se trata de la adquisición de conocimientos por vías informales: por medio del entorno familiar y social, de la lectura de libros, revistas y periódicos, del acceso a toda clase de contenidos a través de los medios audiovisuales (Internet, televisión, radio) y, en general, por la experiencia acumulada y la observación constante. La oferta cultural cuenta, además, con obras de teatro, cine y series de televisión, actividades organizadas en bibliotecas (como las sesiones de los clubes de lectura de libros), cafés científicos, conferencias y muchas otras opciones. Sin olvidar los museos de ciencia, que han desempeñado un papel clave en todos los tiempos desde su creación y especialmente en las últimas décadas, cuando muchos de ellos se han convertido en, o han nacido directamente como, centros interactivos de ciencia.

En relación con las fuentes y los contextos de aprendizaje, un estudio realizado en Estados Unidos y divulgado por John H. Falk y Lynn D. Dierking, de la Universidad estatal de Oregón, en 2010 en American Scientist confirmó un aspecto que siempre ha sido evidente empíricamente: la educación formal infiere solo un 5 por ciento del conocimiento científico de la población; el resto se acumula a lo largo la vida por vías informales (desde lo que asimilamos sentados delante de la televisión a lo que aprendemos en una visita a un museo). Un aprendizaje continuado, la mayor parte de forma subliminal. La difusión del conocimiento por las vías no formales resulta, pues, crucial.

Es precisamente esta la función esencial que han desempeñado el periodismo y la divulgación de las ciencias desde tiempo casi inmemorial, aunque con mucha mayor intensidad, estructura y continuidad en los dos últimos siglos. Y, muy especialmente, en las últimas cuatro décadas... que casualmente es el tiempo de vida de ejercicio profesional como periodista, divulgador y educador de quien escribe este homenaje a la revista Investigación y Ciencia en su también 40.o aniversario.

Artículo incluido en

Comunicar la ciencia en el siglo XXI

    • VV. AA.

Catorce de las personalidades más destacadas de la comunicación científica en España reflexionan sobre la apasionante y compleja tarea de acercar la ciencia a la sociedad.

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