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1 de Diciembre de 2017
Reseña

Richard Garwin

Genio de la física nuclear y de la política global.

TRUE GENIUS
THE LIFE AND WORK OF RICHARD GARWIN, THE MOST INFLUENTIAL SCIENTIST YOU'VE NEVER HEARD OF
Joel N. Shurkin
Prometheus Books, 2017

A mediados de noviembre de 2016, Richard Garwin, de 88 años, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo reconocimiento civil que se concede en Estados Unidos. El galardón premia a los ciudadanos que hayan realizado una contribución sumamente meritoria para la seguridad y los intereses nacionales, la paz mundial, la cultura o cualquier otro empeño público o privado. Proyectista clave de la bomba de hidrógeno, dueño de patentes decisivas en el desarrollo de la técnica de nuestro tiempo, Garwin fue un experto indiscutido en defensa y en desarme. Sin embargo, su figura es muy poco conocida.

Joel Shurkin ha escrito una biografía ágil y que refleja no solo los episodios relevantes de la vida de Garwin, sino también el estado de la física en unos años especialmente dorados. De origen judío, su abuelo paterno procedía de Riga y emigró a Chicago, donde en 1808 nació Robert, el padre de Richard. El abuelo abrió una tienda de zapatos. Cuando Robert tenía siete años, su padre fue asesinado por el socio y su madre marchó con los hijos a Cleveland, donde había una comunidad hebrea pujante con un orfanato propio. En 1921 Robert se graduó en ingeniería. Se dedicó a la enseñanza de electricidad en la Escuela Técnica Superior y a la proyección de cine durante la noche.

Richard nació el 19 de abril de 1928. Desde niño, su padre le introdujo en el mundo de la técnica, enseñándole a desarmar y volver a armar mecanismos e ingenios. Muy habilidoso, ayudaba a su padre a reparar el proyector y a construir amplificadores de audio para las películas. En sus años universitarios, Richard trabajaría también de proyectista. Precoz en ciencias, a los doce años pidió un libro de cálculo. En el garaje doméstico crearon un taller y laboratorio donde ejercitarse en pruebas de química, soplado de vidrio y circuitos eléctricos.

Decidido a estudiar física, no dudó en doctorarse en Chicago, centro de la física puntera con la figura de Enrico Fermi como foco de atracción. Logró el título de doctor en 1949, con 21 años. Su mentor fue el propio Fermi, quien se trasladó de Italia en 1938 tras ganar el Nobel de física y trabajó en Nuevo México ayudando a construir la primera bomba atómica. Fermi afirmó que Garwin fue el único genio genuino con el que se había encontrado en su vida, de ahí el título del libro. A Fermi se le llamaba «el Papa», por su origen italiano y por suponerlo infalible en física. Un portento de la naturaleza, según unos, nunca leía enteros los artículos; le bastaba con mirar los resúmenes. Fermi había sido el descubridor de la fuerza débil, una de las cuatro interacciones fundamentales de la naturaleza. Adoptando las teorías de Wolfgang Pauli, Fermi, trabajando en Roma con neutrones de 1934 a 1938, demostró que podían crearse artificialmente isótopos radiactivos mediante el bombardeo de un elemento con número suficiente de neutrones. Observó también que, cuanto más lentos avanzaban los neutrones hacia el núcleo, más eficaces resultaban, y que la velocidad de absorción era diferente para cada elemento. Iba a resultar de particular importancia lo que aconteciera cuando lo aplicaran al uranio.

Al solicitarle que fuera su director de tesis, Garwin le explicó a Fermi que contaba con una dilatada experiencia en tubos de vacío y que tenía habilidad para el dibujo y la ingeniería de máquinas. Fermi aceptó. Para su propia tesis doctoral ideó varios contadores. Investigó las propiedades de núcleos radiactivos de sodio y creó un mecanismo para medir el ángulo de emisión de rayos gamma siguiendo la desintegración de una sustancia radiactiva. Terminada la tesis, en solo dos años, y pese a la política de la universidad de no contratar a sus propios graduados, se le ofreció allí un puesto. Fermi le pidió que le ayudara en un nuevo modelo del núcleo atómico.

La Universidad de Chicago mantenía estrechas relaciones con el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. Fermi, que acudía los veranos, le invitó en el de 1950 para que trabajara en armas nucleares. En 1951 Garwin ayudó a la creación de la primera bomba de hidrógeno, mil veces más potente que sus predecesoras atómicas. La explosión se hizo de acuerdo con las indicaciones de Garwin, revelaría más tarde Edward Teller, el padre del proyecto (Teller, veinte años mayor que Garwin y nacido en Hungría, ha pasado al imaginario popular más por sus cruzadas políticas que por sus logros en física). De acuerdo con las indicaciones recibidas, el proyecto debía ser tan conservador como fuera posible para demostrar su viabilidad. Trabajó también en el diseño de satélites espía. Con la bomba de hidrógeno, el mundo comenzó a vivir en el borde del precipicio. Por eso se dedicó a combatir las posibilidades de uso.

En 1952 entró en el departamento de investigación de IBM, tarea que compaginaría con la de asesor en Los Álamos y Washington, así como con un compromiso con la Universidad de Columbia. La relación con IBM se prolongó a lo largo de cuatro decenios, hasta su retiro en 1993. Allí trabajó sobre resonancia magnética; fue el catalizador del algoritmo Cooley-Tukey FFT, de importancia clave en el procesamiento digital de señales, y desempeñó un papel crucial en el desarrollo de las impresoras láser y en monitores de pantalla táctil.

Garwin perteneció al Comité Científico Asesor del presidente de los Estados Unidos de 1962 a 1965 y de 1969 a 1972, bajo los mandatos de Kennedy, Johnson y Nixon. De 1993 a 2001 estuvo al frente del equipo asesor sobre control y no proliferación de armas nucleares del Departamento de Defensa [véase «Brechas en la defensa antimisil», por Richard Garwin; Investigación y Ciencia, enero de 2005]. Intervino en el tratado de prohibición de armas nucleares y presidió el comité asesor sobre su control. Casi todo el arsenal nuclear de los Estados Unidos lo integran tipos diversos, en tamaño y forma, de bombas de hidrógeno, desde las pequeñas que pudieran acabar con una compañía de fusileros hasta armas con potencial genocida.

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