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  • Diciembre 2010Nº 411
De cerca

Biología

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Una ventosa sensacional

La ventosa de un pulpo es un órgano de complejidad extraordinaria que no sólo se fija a objetos con distinta fuerza, sino que también los manipula, gracias a grupos de músculos especializados

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A primera vista, la ventosa de un pulpo se parece a la pieza cóncava que remata un dardo de juguete o que fija un GPS al parabrisas de un automóvil. En realidad, se trata de un órgano de complejidad extraordinaria que no sólo se fija a objetos con distinta fuerza, sino que también los manipula, gracias a grupos de músculos especializados.

La ventosa presenta dos cámaras: la exterior, o infundíbulo, y la interior, o acetábulo. Cuando se fija a un objeto (una sabrosa almeja, por ejemplo), los músculos del infundíbulo modelan el borde de la ventosa para que se ajuste a la superficie de la concha, que queda así sellada. Entonces los músculos del acetábulo se contraen; se crea una fuerte presión negativa en el interior de la ventosa, lleno de agua, con respecto a la del agua de mar del exterior. Esta presión diferencial genera succión. Cuanto más se contraen los músculos del acetábulo, mayor es la presión negativa y más firme el agarre de la ventosa. Mientras tanto, los músculos extrínsecos permiten que el borde de la ventosa gire el objeto en un círculo completo, con un ángulo llano o agudo en relación al brazo, sin que desaparezca el efecto de sellado ni se reduzca la presión diferencial.

Además de una musculatura compleja, las ventosas del pulpo poseen unos intrincados circuitos neurales. Los quimiorreceptores, neuronas especializadas que ocupan el borde de la ventosa, permiten identificar el sabor de las superficies. Junto con mecanorreceptores y proprioceptores (que transmiten información acerca del tacto y la presión y sobre la actividad muscular, respectivamente), los quimiorreceptores emiten las señales a un grupo de neuronas, una suerte de "minicerebro" de la ventosa, que recibe información sensorial y organiza respuestas coherentes. Los ganglios de las ventosas se hallan conectados entre sí mediante una cadena de ganglios braquiales de mayor tamaño que recorren longitudinalmente los brazos o tentáculos y controlan los movimientos de estos últimos. De ahí que las ventosas contiguas entre sí puedan coordinar sus movimientos sin necesitar la dirección constante del cerebro real (como desplazar un objeto arriba o abajo del tentáculo). Queda por determinar de qué manera el cerebro y los ganglios de brazos y ventosas se reparten las funciones neurales.

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