Arquitectos moleculares del diseño corporal

La introducción de un gen humano en una mosca nos evoca escenas cinematográficas de un relato fantástico. Más importante: sirve para demostrar que las formas corporales de todos los animales se definen por mecanismos casi idénticos.

Todos los animales se desarrollan a partir de un huevo fecunda­ do que, tras experimentar múltiples tandas de división, origina, por lo común, millones de células em­brio­narias. Mediante un sorprenden­te proceso de autoorganización, en­vuel­to todavía en el misterio, estas células se disponen formando un organis­mo completo en el que hueso, músculo, cerebro y piel se integran en un conjun­to armónico. El proceso fundamental es constante, no así los resultados: se­res humanos, ratones, moscas y gusanos representan un amplio muestrario de diseños corporales.

Ante semejante diversidad, los biólogos suponían que los arquitectos moleculares de la morfología corporal —procesos genéticos que controlan el desarrollo embrionario en las diferentes especies— serían también muy variopintos. Pero hay pruebas convincentes de que un grupo de genes relacionados entre sí, los llamados ge­nes HOM en invertebrados y genes Hox en vertebrados, dirige aspectos similares del diseño corporal en todos los embriones animales.

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