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1 de Enero de 1988
Astronomía

Supernovas ricas en helio

Los modelos de ordenador sugieren que se producen cuando colapsa el núcleo de una estrella de gran masa. Estas supernovas son primas hermanas del brillante suceso del año pasado.

El reverendo Robert Evans, de Hazelbrook, de la australiana Nueva Gales del Sur, debe haberse acostumbrado a sufrir chistes de dudoso gusto sobre su "línea directa con Dios". Cuando sus deberes parroquiales le dejan algún tiempo libre, se dirige a su telescopio para explorar otras galaxias, en busca de supernovas: raras y catastróficas explosiones en las que, por algunas semanas, una estrella fulgura, destacando por encima del brillo de su galaxia anfitriona. Sea por su dedicación y persistencia, o por un especial talento para el reconocimiento de configuraciones, Evans ha compilado un historial de descubrimientos que ha entrado ya en la leyenda. De las 66 supernovas observadas entre 1983 y mediados de 1986, descubrió 10, la mayoría en galaxias bastante próximas, donde aparecen brillantes y susceptibles de estudio por parte de los astrónomos profesionales.

Los hallazgos de Evans se distinguen por algo más que por su número. Espectros precisos y digitalizados de la luz de dos de sus sucesos, junto con los modelos de ordenador de estrellas que explotan, han obligado a admitir una nueva clase de supernovas. Estos objetos celestes se han venido clasificando en dos categorías, de acuerdo con sus espectros. Se creía que cada categoría estaba asociada a una clase bien definida de explosión en un tipo específico de estrella: la explosión termonuclear de una antigua estrella enana, o el violento colapso de una abultada estrella de gran masa y rica en hidrógeno. Los descubrimientos de Evans, amén de otros sucesos afines (que coinciden en anunciar la muerte de estrellas de gran masa previamente despojadas de su hidrógeno), han puesto en entredicho el sistema de clasificación espectral y sugieren que uno o ambos mecanismos de explosión pueden dar lugar a cualquier clase del espectro.

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