Una crisis aún más profunda

Sobre la pasividad frente a una sostenibilidad global.
matt collins
Tras esta última columna, Desarrollo Sostenible se trasladará a la página web del Instituto de la Tierra (a partir de ahora, disponible en inglés en www.earth.columbia.edu). Desearía aprovechar esta ocasión para agradecer a todos mis lectores y para hacer inventario de lo que, a mi juicio, supone una crisis cada vez más profunda del desarrollo sostenible.
Durante todo el tiempo que llevo escribiendo esta sección, la incapacidad del mundo para afrontar la creciente crisis ambiental sólo se ha dejado sentir aún más. Todos los objetivos clave que las organizaciones internacionales se habían fijado para 2010 han sido pospuestos, ignorados o han fracasado. Por desgracia, parece posible que este año pase a la historia como el más caluroso de todos los registrados. Una muestra más de que las catástrofes ambientales provocadas por el hombre han escapado a nuestro control.
Este iba a ser el año de la biodiversidad. En 2002, bajo el auspicio de la Convención de las Naciones Unidas para la Diversidad Biológica, las naciones se comprometieron a que, para 2010, habrían ralentizado la pérdida de diversidad que padece el planeta. Semejante propósito no ha alcanzado siquiera sus objetivos más modestos. De hecho, para los estadounidenses pasó desapercibido: EE.UU. firmó el acuerdo en 1992, pero la ratificación nunca llegó. Cayó presa del error, característico de la mentalidad estadounidense, de pensar que la naturaleza debe subdividirse en parcelas de propiedad privada en las que cada propietario goza del derecho de hacer y deshacer a su antojo.

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