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Comunicación en las ranas

Para ser oídos por parejas y rivales, estos anfibios han desarrollado una amplia gama de estrategias complejas.

Cuando el sol traspone, la ladera de El Yunque, en Puerto Rico, empieza a bullir de sonidos. No son melodías precisamente. Las llamadas de miríadas de animales del bosque crean una sorda cacofonía, similar al ruido de un metro que pasa a seis metros de distancia. Hay un bramido, en particular, que hace que mis alumnos inexpertos sobresalten, se lleven las manos a los oídos y exclamen: "¿Qué es eso?" Se trata del coqui, Eleutherodactylus coqui; este anfibio de 36 milímetros de longitud es la estrella, por sorprendente que parezca, de los arrullos locales.

En 1970, cuando andaba en busca de un proyecto de investigación en comunicaciones, tropecé con Robert R. Capranica, de la Universidad de Cornell. Explicaba cierto experimento con la rana toro norteamericana. Sintetizando electrónicamente su canto de apareamiento, lo transmitía a un macho cautivo, que al instante emitía un bramido similar. Pero cuando Capranica reprodujo los cantos de otras 34 especies de ranas y sapos, la rana toro no respondió ni una sola vez. Descubrió también que se necesitaban las dos bandas de frecuencia presentes en el canto para desencadenar una respuesta.

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