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1 de Mayo de 2011
Psicología

Claves de la resiliencia

Cuando la tragedia nos golpea, la mayoría de nosotros nos sobreponemos de manera admirable. ¿De dónde procede tal capacidad?
GARPENHOLM/WIKIMEDIA COMMONS
En otoño de 2009, Jeannine Brown Miller regresaba a casa con su marido tras haber visitado las cataratas del Niágara. Cerca de la entrada al campus de la Universidad de Niágara, se topó con ambulancias y con un control de carretera. Jeannine sabía que Jonathan, su hijo de 17 años, había salido ese día con el coche. Aunque no entendía por completo lo que sucedía, algo le dijo que debía detenerse. Pidió a uno de los agentes que comprobase si en la matrícula del automóvil accidentado ponía «J Mill». Pocos minutos después, se acercaron un policía y un capellán. Antes de que llegaran a su lado, Jeannine ya sabía lo que iban a decirle.
La pérdida de su hijo --resultado de un problema médico no diagnosticado que le causó la muerte súbita antes de estrellarse contra un árbol-- fue devastadora. Durante los días siguientes al fallecimiento de Jonathan, el tiempo se detuvo casi por completo para ella: «La primera semana fue como una eternidad. Vivía no ya por horas, sino minuto a minuto. Me despertaba y no pensaba en nada que no fuera lo que tenía enfrente».
La ayuda le vino de muchos sitios, incluidas sus decisiones personales. Quinientos alumnos del instituto Lewiston-Porter, en el que estudiaba Jonathan, asistieron al velatorio y al funeral, en una demostración de afecto que contribuyó a aliviar su pena. También halló cobijo en su fe católica. A las dos semanas, volvió a su trabajo de asesora financiera, y un par de meses después del accidente ya podía visitar el restaurante en el que había desayunado con su hijo el día en que murió. La comunidad nunca le escatimó apoyo: una ceremonia honró a Jonathan en la fiesta de graduación del instituto; en Facebook, la página Jonathan «J Mill» Miller se actualiza con regularidad, y una cafetería local sirve «café 76» en homenaje al que fuera el número del chico en su equipo de fútbol americano. Transcurrido un año, Jeannine aún llora, pero ha encontrado muchas maneras de sobrellevar la pérdida de su hijo.

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