Presentación

Una puesta al día del estado de los conocimientos en este campo y de sus aplicaciones actuales y futuras.

Lo que puede significar un decenio. Pasó el tiempo en el que los políticos (y no digamos el público en general) no distinguían los genomas de los gnomos, los diminutos habitantes fantásticos de los bosques según los cuentos. Sirva de ejemplo una historia protagonizada por el presidente George Bush en 1989 y que aún resuena en mi memoria.

En una ceremonia de entrega de las Medallas Nacionales de Ciencia y Técnica, celebrada en la Sala Oriental de la Casa Blanca, Bush expuso con orgullo todo lo que su gobierno y el de su predecesor Reagan habían hecho por la ciencia: la estación espacial, el (ahora difunto) Supercolisionador superconductor y la iniciativa del "Gnomo" (en inglés gnome) humano. No hizo ademán alguno de rectificar. Nadie pestañeó. No se produjo en la sala ni una sonrisa disimulada ni un murmullo. Los asistentes (burócratas de categoría relacionados con asuntos científicos y dirigentes de las industrias técnicas más avanzadas) ni siquiera intercambiaron gestos de sorpresa. Los premiados (entre los que se encontraban precisamente Stanley N. Cohen y Herbert W. Boyer, inventores de la técnica de corte y empalme génico) subieron al podio con la seriedad propia del acto para estrechar la mano del presidente y aceptar sus felicitaciones.

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