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Bioquímica del rendimiento atlético

La biología celular del músculo ayuda a entender el rendimiento de los atletas e indica el camino a seguir para mejorar sus posibilidades.
"¡Preparados!" Un silencio absoluto reina en el estadio mientras 60.000 pares de ojos se clavan en ocho de los hombres más ligeros del planeta. Nos encontramos en Sevilla. Es el 22 de agosto de 1999 y se celebra la final de 100 metros de los campeonatos mundiales de atletismo.
El pistoletazo de salida resuena en el aire cálido del atardecer. Ruge la muchedumbre cuando los deportistas corren por sus calles. Tan sólo 9,80 segundos después el ganador cruza la meta. Ese día lo fue Maurice Greene, un atleta de 25 años de Los Angeles.
¿Por qué es Maurice Greene, y no Bruny Surin de Canadá, que acabó segundo, el hombre más veloz del planeta? Después de todo, ambos han entrenado sin descanso durante años, manteniendo un régimen ascético basado en ejercicio, reposo, una dieta estricta y poco más. La respuesta, compleja, comporta un sinnúmero de pequeños detalles, como la actitud mental de los atletas el día de la competición o incluso el diseño de sus zapatillas deportivas. Pero en las carreras cortas, al depender de la potencia, el factor fisiológico resulta determinante: las fibras musculares de las piernas de Greene, en particular sus muslos, desarrollan, en el breve intervalo de la carrera, una potencia ligeramente mayor que la de sus contrincantes.

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