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Sombras de otras Tierras

Los astrónomos, que han encontrado docenas de planetas gigantes allende nuestro sistema solar, no han avistado todavía ninguna Tierra nueva.
La presencia del planeta se había deducido por un método indirecto, a través de los efectos de vaivén que él provocaba en la estrella. Charbonneau y Henry obtuvieron la confirmación definitiva mediante una técnica distinta. ¿Cabría, se preguntaron, que el planeta pasara por delante de la estrella en nuestra dirección de visión y que, por unos momentos, bloqueara la luz que nos llega de la estrella?
Desde nuestra atalaya, la estrella se debilitaría según una pauta característica. Ese tránsito -así se llama el suceso- requiere que la órbita del planeta tienda un ángulo coincidente con el de nuestra dirección de visión, lo que no resulta tan improbable como pudiera parecer en un principio. Para los planetas que giran en órbitas muy ceñidas a las estrellas, tal en HD 209458, la probabilidad de un alineamiento adecuado es de 1 entre 10. Antes de que Charbonneau y Henry observaran su estrella, la mayoría de las demás con planetas extrasolares identificados se habían investigado ya en busca de tránsitos en las mismas; sin éxito. No faltaron astrónomos que se preguntaron si semejante falta de tránsitos no indicaría una carencia de planetas. Quizá las observaciones de los efectos de vaivén se estaban interpretando de forma incorrecta.

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