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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2014Nº 454

Medicina

Desactivar el cáncer

Eliminar los obstáculos que las células tumorales levantan frente al sistema inmunitario constituye la estrategia de una nueva generación de tratamientos poderosos contra esta enfermedad maligna.

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Nota de los editores: La Academia Sueca ha otorgado el Premio Nobel de Medicina 2018 a James P. Allison y Tasuku Honjo por sentar los fundamentos que han llevado a una nueva terapia contra el cáncer. En el siguiente artículo, Jedd D. Wolchok nos explicaba en qué consiste esta novedosa estrategia de inmunoterapia.

En junio de 2004 me pidieron que examinase a una mujer de 22 años que acababa de graduarse en la universidad y que pronto iba a contraer matrimonio. Durante los meses anteriores a su graduación, Shirley —no es su verdadero nombre— había estado padeciendo una tos persistente. Al final, una tomografía axial computarizada (TAC) puso de manifiesto múltiples masas dentro y alrededor de sus pulmones. Una biopsia reveló un melanoma metastásico que se había propagado a partir de un cáncer de piel que Shirley ignoraba que sufría. Tras aplazar a toda prisa la fecha de su boda, se sometió de inmediato a sesiones de quimioterapia.

Por desgracia, las dos tandas de quimioterapia y la radioterapia aplicada durante los dos años siguientes ralentizaron pero no lograron detener la propagación del tumor. A Shirley se le estaban agotando las opciones. Le hablé de un nuevo estudio en el que se estaba evaluando un medicamento innovador que estimulaba el sistema inmunitario del paciente para que pudiera combatir el cáncer.

Se trataba de un ensayo aleatorio, lo que significaba que no todos los participantes recibirían el nuevo fármaco (por aquel entonces denominado MDX-010), pero Shirley decidió participar. Tras cuatro tratamientos, una nueva serie de TAC demostró que no quedaba ni rastro del melanoma. En la actualidad, su enfermedad ha remitido por completo: tiene dos niños preciosos y sanos y, según sus propias palabras, «ha recuperado la vida».

Para mí, como oncólogo e investigador, la evolución de Shirley supuso ver cumplidas las esperanzas, albergadas desde hacía años, de obtener un tratamiento enérgico contra el cáncer que intensificara la respuesta inmunitaria del paciente contra la enfermedad. El año pasado, el optimismo se extendió por toda la comunidad médica, a medida que íbamos teniendo conocimiento de éxitos similares con este y otros tipos de inmunoterapia semejantes en pacientes con leucemia avanzada, cáncer de riñón o de pulmón. Aunque esta intervención no es en modo alguno la panacea, los avances recientes nos pueden permitir actuar en las etapas finales del cáncer con mucho mayor éxito de lo que habíamos logrado en las últimas décadas.

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