Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

GETTY IMAGES

El recuento de aves y nidos constituye una de las técnicas de campo básicas de la ornitología. Pero hay una gran diferencia entre contar pájaros en un jardín suburbano y divisar aves marinas. Estas, cuya situación refleja el estado de los ecosistemas donde habitan, suelen anidar en lugares inaccesibles, encajonados en acantilados o en islas remotas azotadas por oleajes embravecidos. Muchas depositan la puesta en el fondo de huras y madrigueras de más de un metro de profundidad para resguardar los huevos de los elementos. Y por si todo eso no bastara, la mayoría tiene hábitos nocturnos, lo que dificulta la mera observación.

«Hay un gran número de colonias de pardelas y petreles de las que no tenemos ni idea si están compuestas por cientos, miles o decenas de miles de parejas», confiesa Steffen Oppel, de la Real Sociedad para la Protección de las Aves. Para monitorizar las poblaciones que no pueden observar, él y sus colaboradores han ideado un ingenioso método, el cual consiste en escuchar.

El equipo ha comprobado que es posible calcular el tamaño de las poblaciones a partir de registros sonoros, un método que pusieron a prueba en una estridente colonia de pardelas cenicientas situada en un islote de las Azores llamado Corvo. Hace poco han presentado los resultados en Nature Conservation. Al combinar los datos acústicos aportados por nueve micrófonos repartidos por el islote con la información sobre la densidad de los nidos, elaboraron un algoritmo que toma los teraoctetos de registros sonoros y recuenta automáticamente el número de reclamos individuales. Como era lógico, comprobaron que cuantos más nidos había, mayor estridencia y más reclamos se recogían en la grabación. La correlación les permitió inferir un censo aproximado de las aves de la isla: unas 6000 parejas reproductoras, una cifra que hasta entonces había sido mera conjetura.

Aunque el cálculo pueda estar un tanto errado, el método de Oppel resultará útil para el estudio de las fluctuaciones demográficas a lo largo del tiempo. Con ello se podrá deducir el estado de salud de las cadenas tróficas de la avifauna marina y observar la evolución de las colonias de cría ante peligros tales como los depredadores introducidos y el cambio climático.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.