Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2014
Astronomía

El primer resplandor de las estrellas

Poco tiempo después del fogonazo de la gran explosión, el universo se quedó a oscuras. Los astrónomos están desvelando el misterio de su vuelta a la luz.

CORTESÍA DE ADOLF SCHALLER y NASA

En síntesis

Las primeras estrellas y galaxias del universo no eran iguales a las de hoy en día. Los astrónomos se remontan en el tiempo para investigar cómo se formaron los primeros objetos del universo.

En particular, les interesa averiguar qué causó la llamada reionización del universo, en la que la luz rompió los átomos de hidrógeno neutro que llenaban el cosmos.

Las observaciones y las simulaciones por ordenador apuntan a que los objetos responsables de la reionización pudieron ser estrellas de un millón de masas solares o los chorros gaseosos generados por agujeros negros gigantes.

Hace poco menos de trece mil ochocientos millones de años, apenas unos cuatrocientos mil después de la gran explosión, el universo se volvió repentinamente oscuro. Hasta aquel momento, la totalidad del universo visible era un caliente y agitado plasma, una densa nube de protones, neutrones y electrones. Si alguien hubiera estado allí para verlo, el universo le habría parecido una neblina, espesa, pero de brillo deslumbrante.

A los cuatrocientos mil años, sin embargo, el universo en expansión se había enfriado lo suficiente para que se formasen los primeros átomos de hidrógeno, fenómeno que recibe el nombre de recombinación. En ese momento la neblina se disipa, el universo sigue enfriándose y se produce un rápido fundido en negro: tras el inimaginable fulgor de la gran explosión y sus secuelas más inmediatas, el cosmos entra en lo que los astrónomos denominan la «era oscura del universo».

Y sí que era oscura. Incluso cuando las primeras estrellas fueron encendiéndose. En la parte ultravioleta del espectro era donde más brillaba su luz, precisamente la parte que el hidrógeno, recién formado por entonces, tiende a absorber. El universo cambió su niebla primordial, caliente y brillante, por otra, oscura y fría.

Esta segunda niebla se levantaría más adelante, pero cómo ocurrió se les viene escapando a los científicos desde hace mucho. Tal vez la despejaron las primeras estrellas, cuya intensa luz iría rompiendo, de forma gradual pero inexorable, los átomos de hidrógeno, en un proceso llamado reionización. O tal vez la energía necesaria para la reionización no provino de las estrellas, sino de la radiación emitida por el gas caliente que se precipitaba hacia los agujeros negros gigantes.

La clave para averiguar cuándo y cómo tuvo lugar la reionización está, no puede sorprender, en descubrir los objetos más viejos del universo e intentar desentrañar su naturaleza y origen. ¿Cuándo se encendieron las primeras estrellas y cómo eran? ¿De qué manera se agruparon las estrellas individuales para formar las galaxias, y cómo estas galaxias engendraron los agujeros negros supermasivos que casi todas albergan en el núcleo? ¿En qué punto de esta progresión, de las estrellas a las galaxias y de las galaxias a los agujeros negros, tuvo lugar la reionización? ¿Fue un proceso abrupto o gradual?

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.