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Gruñidos con personalidad

Los elefantes marinos macho perfeccionan sus voces de advertencia a medida que maduran.

Dos elefantes marinos en pugna. [A. FRIEDLAENDER, SERVICIO DE RECURSOS PESQUEROS MARINOS DE EE.UU., AUTORIZACIÓN 19108 PARA LA INVESTIGACIÓN DE MAMÍFEROS MARINOS]

En la feroz palestra de una colonia de elefantes marinos septentrionales (Mirounga angustirostris), en la que muy pocos machos llegan a aparearse, los pretendientes suelen entablar combates sangrientos por el acceso a los grupos de hembras. Los galanes enfurecidos tienen un modo impactante de anunciar su presencia a los rivales: prorrumpen en gruñidos rítmicos y guturales, acompañados de sacudidas del cuerpo que literalmente hacen retumbar el suelo circundante.

Según un artículo recientemente publicado en Animal Behaviour, estos pinnípedos no nacen con esas señales distintivas, sino que adquieren sus singulares señas de bravuconería vocal durante la madurez.

Los autores de la investigación grabaron más de 440 cantos de 47 machos de diversas edades en el Parque Estatal de Año Nuevo, en California. En esta colonia de 2000 individuos, un macho dominante llega a competir con medio centenar de grandes rivales, cada uno dotado de su voz propia. Esas vocalizaciones surgen más o menos al mismo tiempo que los adultos delimitan parcelas de unos 20 metros cuadrados, que guardan con celo.

En cambio, los machos jóvenes que ocupan los escalafones bajos mantienen una «discreción acústica», pues solo emiten sonidos breves y desestructurados. Es como si no quisiesen destacar, a la espera de adquirir la madurez suficiente, afirma la autora principal Caroline Casey, graduada en ecología y biología evolutiva de la Universidad de California en Santa Cruz. En torno al octavo o noveno año parecen crear ya su propio canto.

«El canto comienza a surgir cuando tienen posibilidades reales de procrear y ascender en el escalafón», explica Casey.

El reconocimiento viene ni que pintado, pues los machos parecen escuchar atentamente —y evitar— a aquellos congéneres que los han derrotado en combates anteriores. Así pueden reservar sus fuerzas contra los adversarios que reconocen como iguales a ellos.

Casey sospecha que es la naturaleza implacable de la sociedad de los elefantes machos lo que impulsa el desarrollo de las vocalizaciones individuales. Para estudiar ese vínculo, difícil de demostrar, le gustaría analizar también los cantos de otras comunidades menos densas, donde la competencia puede ser menor.

Luke Rendell, biólogo en la Unidad de Investigación de Mamíferos Marinos de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, que no ha participado en el estudio, cree que es una posibilidad. Apunta que es posible que esa habilidad para emitir gruñidos diferenciables de los de sus rivales la aprendan de los mayores cuando alcanzan la madurez sexual.

«Presiento que en todo esto hay algo de aprendizaje», afirma Rendell, quien elogia el estudio por haber incluido suficientes datos de elefantes de diversas edades para demostrar claramente la transición de los gruñidos anodinos a los distintivos: «Pensé que era una aportación realmente importante».

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