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Puede subrayarse una palabra aquí y otra allá de un texto; se cambia así su entonación y su sentido. Pero subrayar frases enteras, e incluso párrafos, como hacen algunos, es muy de censurar. La causa es que este artificio no está destinado a cambiar la entonación, sino a indicar que las frases subrayadas son importantes.

¡Qué tremendo error! Incluso el más benévolo de los lectores sacaría la conclusión de que las frases no subrayadas no son importantes y pueden permanecer dormidas para siempre entre la tinta. El abuso de las frases subrayadas es un indicio casi infalible de esa catástrofe del espíritu llamada "literatura gris".

¡No subraye nunca toda una frase!

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