La catástrofe de la COVID-19 desde la atalaya del editor de The Lancet

Una crítica feroz a cómo han gestionado la pandemia muchos Gobiernos occidentales y una invitación a iniciar un debate nacional.

Covid-19, la catástrofe; Richard Horton

COVID-19, LA CATÁSTROFE
QUÉ HICIMOS MAL Y CÓMO IMPEDIR QUE VUELVA A SUCEDER
Richard Horton
Antoni Bosch, 2021
198 págs.

Richard Horton es desde 1995 el redactor jefe de la prestigiosa revista de medicina The Lancet. Tras estudiar medicina en la Universidad de Birmingham ejerció como médico en el Hospital Royal Free de Londres. Es también profesor honorario de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y de la Universidad de Oslo. Además, ha desempeñado diversas funciones en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde hace años se ha implicado en varias polémicas relacionadas con la ciencia, la medicina y la política, fruto de su compromiso con la gestión de la salud pública.

En marzo de 2020 ofreció algunas entrevistas que se hicieron virales. En ellas calificaba como un «escándalo nacional» la situación que se estaba viviendo en el Reino Unido y criticaba fuertemente al Gobierno por estar perdiendo el tiempo ante una situación «prevenible». Según Horton, se había malgastado el mes de febrero cuando se deberían haber hecho tests masivos y conseguido equipos de protección personal. Si de algo no se le puede acusar a Horton es de no hablar claro o de tener una actitud a posteriori.

En COVID-19, la catástrofe, Horton hace una crítica feroz a la lenta respuesta inicial de muchos Gobiernos occidentales, a su autocomplacencia sobre los preparativos para las olas posteriores de la pandemia, y a la falta de un respaldo suficiente para los afectados por la crisis económica. Según él, el desastre económico derivado de la COVID-19 era totalmente previsible y ahora toca pedir «un ajuste de cuentas». Curiosamente, un grupo de expertos convocados por la OMS llegó a conclusiones similares el pasado mes de mayo: la pandemia era previsible, los Gobiernos y la propia OMS actuaron tarde y se perdió el tiempo durante un mes crucial.

Desde su situación «privilegiada» —probablemente han sido miles los manuscritos científicos sobre el SARS-CoV-2 y la COVID-19 que han pasado por sus manos durante este último año y medio—, Horton nos describe un panorama desolador, quizá demasiado pesimista. El libro incluye un repaso detallado de la situación en varias naciones, desde China o Nueva Zelanda hasta el Reino Unido o EE.UU., pasando por España, Suecia y otros países de la Unión Europea. Proporciona una visión internacional de cómo se gestionó la pandemia durante los primeros meses y, aunque la pandemia va tan deprisa que algunos datos e interpretaciones ya han sido superados, revisa buena parte de las preguntas que muchos nos hemos hecho en los últimos tiempos, el papel de los confinamientos, el coste económico y social, etcétera [véase «Pensar la epidemiología en tiempos de COVID-19», por Lino Camprubí; Investigación y Ciencia, septiembre de 2020].

La falta de liderazgo y de coordinación, las tensiones geopolíticas, el excesivo nacionalismo o patriotismo imperante en muchos países y un sistema de salud deficiente fueron la «tormenta perfecta» para que un nuevo coronavirus causara una catástrofe global, «el mayor fracaso político de las democracias occidentales desde la Segunda Guerra Mundial». Hemos sido incapaces de coordinarnos y actuar juntos. Los fallos de comunicación, la falta de transparencia, una crisis de confianza o la nula cooperación y solidaridad han sido comunes en la mayoría de los países. En general, la pandemia se ha gestionado tarde y mal, los Gobiernos autocomplacientes no han hecho autocrítica y cada país debería iniciar un debate nacional, algo que en España ha sido evitado por el actual Gobierno.

En el libro se echa de menos una mayor revisión del papel de la propia OMS y de la ciencia en general. Omite, quizá por propio interés, el rol que ha desempeñado el sistema de publicaciones científicas y la velocidad a la que se han publicado muchas investigaciones. En poco más de un año han visto la luz más de 120.000 artículos sobre el virus SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19, más que sobre malaria. Esto constituye una muestra fascinante de la tremenda actividad científica que ha generado la pandemia, pero también ha supuesto un problema: ninguna editorial, ninguna revista ni los propios científicos han sido capaces de asimilar tal cantidad de información. Entre todos esos artículos, algunos en forma de prepublicaciones, quizás esté la solución a nuestros problemas mezclada con falsas interpretaciones, comentarios erróneos o incluso auténticos fraudes científicos, como el que publicó la propia The Lancet y se conoció como Lancetgate: un artículo sobre la hidroxicloroquina que también publicó el New England Journal of Medicine y que resultó ser un fraude científico del que ambas revistas tuvieron que retractarse. La ciencia a «alta velocidad» y el exceso de información han sido también un problema en un mundo globalizado por las redes sociales, que han acabado causando una pandemia de bulos y mentiras [véase «El coronavirus más mediático», por Ignacio López-Goñi; Investigación y Ciencia, abril de 2020].

Covid-19, la catástrofe es un libro muy recomendable: fácil de leer, atractivo por su tremenda actualidad y con mensajes muy sugerentes que invitan al lector a reflexionar. La pandemia, como otras a lo largo de la historia, ha causado profundos cambios en la sociedad. Como todos los desastres, las pandemias son catalizadoras de cambio político y social, y de ellas siempre hemos salido más pobres y con mayores diferencias sociales. Ojalá esta triste experiencia sea el motor hacia una sociedad más justa y solidaria.

En uno de sus últimos capítulos, el autor hace una reflexión sobre cómo la COVID-19 transformará la sociedad, los Gobiernos, la gente y la ciencia. La COVID-19 no es un acontecimiento, sino el comienzo de una nueva época. Ha introducido nuevas voces en la política, como la voz de la ciencia. En tiempos de crisis, los Gobiernos se vuelven más tecnocráticos, y quizá comience una nueva etapa política en que la tecnocracia sustituirá a los populismos. Una lectura muy sugerente que reflexiona sobre qué hicimos mal y que apunta cómo impedir que algo así vuelva a ocurrir. Porque, si de algo estamos seguros, es de que habrá nuevas pandemias.

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