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1 de Marzo de 2013
Evolución

La humanidad en el espacio

¿Cómo viajarán las generaciones futuras desde nuestro hogar terrestre hasta los planetas, y aún más lejos? ¿Qué consecuencias tendrá para nuestra especie?

Tavis Coburn

En síntesis

Una misión espacial que aísle lejos de la Tierra a personas durante períodos de tiempo larguísimos —una colonia en Marte o un viaje que dure varias generaciones a una estrella cercana— conducirá, de modo inevitable, a la aparición evolutiva de nuevos rasgos culturales y fisiológicos.

En las naves espaciales de larga distancia se correrán riesgos ambientales peculiares, como una radiación mayor y presiones atmosféricas menores. Tendrán consecuencias más graves en las etapas más frágiles de la vida: en el útero materno y justo después del parto.

Los planificadores de la misión tendrán que ser meticulosos al seleccionar a los viajeros espaciales. Su objetivo será una población genéticamente saludable pero con diversidad suficiente para resistir las posibles pandemias y florecer en ambientes muy distintos al de partida.

El cese definitivo de los vuelos del transbordador espacial Atlantis en 2011 no significa, como algunos se temían, el final de los viajes espaciales tripulados. Al igual que los primeros mamíferos medraron gracias a la extinción de los dinosaurios, la retirada del transbordador espacial le abre a la exploración espacial posibilidades inéditas y de una magnitud mucho mayor. Siguiendo a empresas privadas llenas de ambición, vamos entrando en las etapas iniciales de nuestra emigración fuera de la Tierra, de la adaptación de nuestra especie a mundos nuevos. Marte es el objetivo expreso de Elon Musk, que hizo su fortuna con Paypal; los exploradores de los Polos Tom y Tina Sjögren están haciendo planes para un viaje privado a Marte; y el proyecto europeo Mars One, privado también, tiene previsto establecer allí una colonia humana en 2023. La colonización espacial está empezando en estos mismos momentos.

Pero la tecnología no es suficiente. Para que la colonización espacial tenga éxito a largo plazo, debemos prestar tanta atención a la biología y a la cultura como a la ingeniería. No es cosa solo de cohetes y robots; hay que tener en cuenta cuerpos, personas, familias, comunidades y culturas. Debemos empezar a construir una antropología de la colonización espacial para abordar el mundo confuso, enredado, dinámico, a veces irritante, de la adaptación biocultural humana. Debemos planear este nuevo proyecto teniendo en cuenta el hecho más inequívoco de todos los que atañen a los seres vivos: que a lo largo del tiempo la evolución les hace cambiar.

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