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La farsa de la araña

Algunos arácnidos llegan a extremos insospechados para imitar el aspecto y el comportamiento de las hormigas.

Una araña mirmecomorfa se oculta debajo de un grupo de hormigas tejedoras asiáticas, el insecto escogido por el arácnido como modelo. [MARK MOFFETT, NATIONAL GEOGRAPHIC]

En síntesis

El mimetismo consiste en imitar el aspecto de otro ser vivo. El disfraz de hormiga representa la forma más común de mimetismo animal, aunque paradójicamente es la menos conocida.

Estudios recientes han dejado al descubierto a los suplantadores de hormigas y han desvelado la insospechada complejidad que se oculta tras este comportamiento.

Parece ser que los animales se sirven del mimetismo con múltiples fines, pero pagan un precio por las ventajas que reporta.

Los impostores abundan en el reino animal. Hojee un libro que contenga la definición de mimetismo (la imitación del aspecto de un ser vivo por otro) y hallará ejemplos clásicos como el de la mariposa virrey y la monarca, la inofensiva serpiente rey y la venenosa coral, o los sírfidos, un tipo de moscas que adoptan el disfraz de abeja o avispa. Menos conocido, pero en muchos aspectos más fascinante, es el mimetismo de las arañas saltadoras del género Myrmarachne, que a ojos del común semejan hormigas.

En contraste con otras arañas saltadoras rechonchas y velludas, el cuerpo lampiño y lustroso de las Myrmarachne muestra todo el aspecto de una hormiga, con tres claras divisiones: cabeza, tórax y abdomen. Para rematar la farsa, caminan sobre los tres pares de patas traseros, dejando libre el cuarto para mantenerlo alzado sobre la cabeza a modo de antenas. Y adoptan incluso la marcha rápida, errática y sin pausa propia de las hormigas, en lugar del movimiento de avance y parada característico de otras arañas saltadoras. Esa interpretación digna de ser premiada constituye el secreto de su éxito como grupo: más de 200 especies de Myrmarachne habitan en las selvas tropicales de África, Asia, Australia y América. Tan rica diversidad convierte el mirmecomorfismo (la imitación de las hormigas) en la forma más común de mimetismo, aunque paradójicamente resulte la menos conocida.

Nuevos estudios están poniendo al descubierto la asombrosa complejidad que esconde el mirmecomorfismo. Como la mariposa virrey, la serpiente rey y los sírfidos, las arañas Myrmarachne se benefician del parecido con otra especie; en este caso, con una temible hormiga, porque los cazadores de arañas se cuidan mucho de tropezar con ella y con cualquiera que se le parezca. Sin embargo, las arañas pagan un precio por ello: asumen un riesgo considerable por hacer convincente su interpretación. Las fuerzas evolutivas que forjaron la artimaña sitúan a estos animales en el filo de la navaja, sobre una delgada línea entre eludir a un enemigo sin caer presa de otro. Al revelar los peligros inesperados del mimetismo, los estudios de estos singulares arácnidos exponen el fenómeno de un modo inédito.

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