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Pilas de combustible alimentadas con saliva

Una posible nueva fuente de energía para dispositivos médicos.

Muhammad Mustafa Hussain, profesor de ingeniería eléctrica en la Universidad Rey Abdalá de Ciencia y Tecnología, en Arabia Saudí, dedica casi todo su tiempo a construir aparatos sumamente diminutos. «Cuando se trabaja a pequeña escala se obtienen resultados rápidos», afirma. Así procedió en 2010, cuando se propuso desarrollar una fuente de energía renovable y abundante que pudiera usarse en lugares remotos para hacer funcionar máquinas destinadas a depurar el agua o diagnosticar enfermedades. Pensó que una minúscula pila de combustible microbiana serviría como punto de partida. Pero lo realmente innovador fue que eligiera alimentar dicha pila con saliva.

La idea fue planteada por la colaboradora de Hussain, Justine E. Mink, por entonces estudiante de doctorado en su laboratorio. En aquella época, Mink intentaba construir dispositivos para medir la glucosa en los diabéticos que incorporaran una fuente de energía y tuvieran un tamaño adecuado para poder implantarlos en el cuerpo, cerca del páncreas. Una pila de combustible microbiana constituía un candidato natural para tal propósito. En ella, las bacterias generan electricidad a partir de la materia orgánica, abundante en la saliva. De este modo, los dos investigadores tomaron un electrodo de grafeno (un material altamente conductor), cargaron la celda con bacterias capaces de alimentarse de saliva y, en cuestión de semanas, habían logrado generar casi un microvatio, la millonésima parte de un vatio de potencia.

Si bien representa una cantidad de energía ínfima, resulta suficiente para los «laboratorios en chips», las herramientas de diagnóstico y de monitorización tales como el dispositivo de Mink. Hussain colabora con compañías que imprimen órganos artificiales en 3D para integrar su pila en un riñón artificial, donde los fluidos corporales proporcionarían el combustible. Señala que se trata tan solo del primer paso en la aplicación de la técnica a mayor escala. Su meta a largo plazo es generar electricidad a partir de residuos orgánicos industriales para suministrar energía a plantas desalinizadoras en los países pobres.

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