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Actualidad científica

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

  • 16/10/2018 - astronomía

    Grandes penitentes de Europa

    Recuerdan a los nazarenos de una procesión, con sus ropas blancas y sus capirotes. Son unas agudas cuchillas de hielo que se juntan a cientos en neveros o campos de hielo. Y no las hay solo en la Tierra.

  • 16/10/2018 - Nutrición

    Aquello que comemos puede afectar a nuestros bisnietos

    En ratones, la sobrealimentación de los progenitores promovería la aparición de conductas de drogadicción e induciría cambios metabólicos característicos de la obesidad en sus descendientes. Los efectos se observarían a lo largo de tres generaciones.

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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2018Nº 505

Neurociencia

El estrecho nexo entre la inmunidad y el cerebro

El sistema inmunitario, que se creía disociado del cerebro, interviene estrechamente en su funcionamiento.

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Durante décadas, los manuales de anatomía enseñaban que los dos sistemas más complejos del organismo, el nervioso y el inmunitario, coexistían casi aislados el uno del otro. Según explicaban, el cerebro se dedicaba a dirigir las funciones corporales, mientras que el sistema inmunitario se encargaba de su defensa. En las personas sanas nunca coincidían. Solo en ocasiones, a raíz de una enfermedad o un traumatismo, las células inmunitarias penetraban en el encéfalo, para atacarlo.

Pero, en los últimos años, una avalancha de descubrimientos ha revolucionado el conocimiento acerca de ambos sistemas. Todo indica que interactúan de forma habitual, tanto en la enfermedad como en la salud. Así, el sistema inmunitario contribuye a sanar las lesiones encefálicas, por ejemplo. También ayuda a soportar el estrés y facilita funciones esenciales del cerebro, como el aprendizaje y el comportamiento social. Además, se le podría considerar como un órgano de vigilancia, que detecta microbios en el seno del cuerpo y a su alrededor e informa al cerebro, tal y como los ojos le envían información visual o los oídos le transmiten señales auditivas. En otras palabras, el cerebro y el sistema inmunitario no solo se encuentran con más frecuencia de lo supuesto, sino que están íntimamente enlazados.

pieza a dejar patente que la respuesta cerebral a la información inmunitaria y el modo en que esta controla y afecta los neurocircuitos podría ser la clave para comprender muchas enfermedades neurológicas, desde el autismo hasta el alzhéimer, y concebir tratamientos contra ellas. Los intentos por tratar dichos trastornos han dado al traste porque la mayoría de los fármacos no consiguen penetrar con facilidad en el cerebro. Los descubrimientos de esta joven disciplina abren la posibilidad de que actuar sobre el sistema inmunitario sea una táctica más eficaz.

Conocimientos adquiridos

Para comprender la importancia de esos descubrimientos, conviene conocer la estructura y el funcionamiento del cerebro y del sistema inmunitario. El encéfalo es el superordenador que rige el organismo. En conjunción con la médula espinal y los diversos pares (nervios) craneales, integra el sistema nervioso central (SNC), que controla todas las funciones corporales. Ante tamaña responsabilidad, no sorprende la extrema complejidad del órgano pensante. Sus unidades funcionales básicas son las neuronas, que ocupan en torno a la mitad de su volumen. El cerebro humano alberga cerca de 100.000 millones, conectadas por unos 100 billones de uniones (sinapsis). Las neuronas y la glía, un conjunto de células no neuronales, conforman el parénquima cerebral, el tejido encargado de procesar la información. Otros integrantes destacados son las células estromales, que dan soporte físico a los tejidos del parénquima, y las células endoteliales, que componen los vasos sanguíneos. Estos irrigan el cerebro y delimitan la barrera hematoencefálica, que limita el paso al SNC de sustancias provenientes de otras zonas del cuerpo.

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