Tendencias en inteligencia artificial

Bebés de silicio

Los investigadores están tratando de construir máquinas que emulen el razonamiento y la conciencia de la realidad propia de los humanos. Pero en el mundo real, hasta la ínfima competencia de una hormiga voladora se les resiste... por ahora.

Chirr... Chirr... Rass... Rass... Ras... Un robot unta mantequilla en una tostada. Y lo está haciendo bastante bien, habida cuenta de que apenas comienza a aprender.

Aunque para los humanos no presenta dificultad, la sencilla tarea de extender mantequilla sobre las tostadas resulta, para las máquinas, de una complejidad superlativa. Constituye asimismo una tarea afín a multitud de otros problemas que habrán de afrontar las máquinas si aspiran a desenvolverse en el mundo real. Un robot convencional, que sólo sabe mover su pinza según una trayectoria concreta, haría con la tostada y la mantequilla un auténtico estropicio.

La acción de untar exige un incesante reajuste de acciones basado en la realimentación sensorial: si la resistencia es excesiva, hay que relajar la presión; si demasiado leve, modificar el ángulo de ataque del cuchillo, y así sucesivamente. El cálculo previo de la trayectoria exigiría cuidadosas mediciones de la viscosidad de la mantequilla y de la superficie de la tostada y la confección de un modelo no lineal de tipo elemento-finito, seguido de varias horas de computación en un superordenador Cray.

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