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Lucha mundial contra las enfermedades crónicas

La mayoría de las muertes por cáncer y enfermedades cardíacas se producen en las zonas más pobres del mundo.
ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD Y UNIÓN INTERNACIONAL CONTRA EL CÁNCER
La comunidad sanitaria mundial ha cosechado numerosas victorias en su lucha contra las enfermedades infecciosas en las zonas más pobres del mundo. Erradicó la viruela en el decenio de los setenta y ha reducido al mínimo los casos de polio. En la actualidad la atención se centra en el cáncer y las enfermedades cardíacas. El Instituto de Medicina de Washington D.C. publicó hace poco un informe donde advertía que el aumento de las enfermedades cardiovasculares en los países con rentas medias y bajas está amenazando el bienestar económico de esas naciones. Y un grupo de médicos y personalidades públicas ha hecho un llamamiento en la revista The Lancet para extender el control y los cuidados contra el cáncer en los países pobres.
El nuevo interés responde a los cambios en las tendencias mundiales de las enfermedades. El cáncer y las cardiopatías no se limitan a los países desarrollados. Según la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer, situada en Lyon, más de la mitad de los diagnósticos de cáncer en 2008 se produjeron en países en vías de desarrollo como Nigeria, Egipto y Brasil, en comparación con solo el 15 por ciento en 1970. El estudio de 2010 del Instituto de Medicina indicó que el 80 por ciento de los fallecimientos causados por ataques cardíacos, ictus y otras enfermedades cardiovasculares en todo el mundo se producen en los países subdesarrollados.
En cierto sentido, la creciente proporción de casos de cáncer está asociada a la prosperidad. Las personas viven más tiempo (el cáncer es más frecuente cuanto más se va envejeciendo) y fallecen menos por enfermedades infecciosas. De forma similar, el aumento de las afecciones cardiovasculares está vinculado al envejecimiento de la población, así como a la adopción de una dieta de estilo occidental y a la reducción del ejercicio físico. El tratamiento del cáncer en las zonas pobres no supone por fuerza un elevado coste, ya que muchos remedios antiguos, sustituidos por otros más caros en el mundo occidental, demuestran una gran eficacia. Lo mismo sucede con el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Por desgracia, a menudo resulta difícil acceder a esos medicamentos antiguos en los países pobres que, además, sufren escasez de médicos, enfermeras y otros profesionales sanitarios.

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