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1 de Diciembre de 2018
Biodiversidad

¿Con quién compartimos el planeta?

Las últimas técnicas genéticas ponen en jaque la visión clásica de la biodiversidad de la Tierra.

Los análisis genéticos han revelado la enorme diversidad de protistas unicelulares que existen en nuestro planeta. Aquí se muestra Vorticella campanula. [© PRILL/ISTOCK]

En síntesis

Nuestra imagen de la biodiversidad del planeta ha cambiado drásticamente desde los primeros intentos de clasificar todas las especies existentes.

El descubrimiento de los microorganismos gracias a la microscopía transformaría nuestra idea sobre la biodiversidad. Pero el gran paso adelante se dio con el hallazgo del ADN y el desarrollo de las técnicas de secuenciación genética, las cuales revelaron una inesperada variedad de microorganismos protistas en todos los ambientes de la Tierra.

Admitir esta nueva realidad tiene importantes implicaciones más allá del conocimiento de la biodiversidad, porque los protistas pueden ofrecernos soluciones a numerosos problemas ambientales y de sostenibilidad.

«Existen certezas conocidas; es lo que sabemos que sabemos. Existen incertidumbres conocidas, es decir, lo que sabemos que no sabemos. Pero también hay incertidumbres desconocidas, lo que ni siquiera sabemos que no sabemos.»

—Donald Rumsfeld

 

La Tierra es hogar de una increíble diversidad. De gigantescas secuoyas a invisibles microbios. De frondosas selvas a desiertos aparentemente baldíos. Esta enorme variedad siempre ha fascinado a los humanos, quienes han intentado responder a la pregunta: ¿con quién compartimos el planeta?

El retorcido juego de palabras con el que Donald Rumsfeld, exsecretario de Defensa de EE.UU., respondió a la pregunta de si tenía la certeza de que Irak estuviese preparando armas nucleares resulta curiosamente adecuado para enmarcar el relato de este artículo. No nos centraremos aquí en la diversidad ya conocida, sino más bien en unos organismos que ni siquiera sabíamos que desconocíamos, unos seres que literalmente eludieron la mirada de los científicos hasta que la tecnología permitió su descubrimiento.

Pero la relevancia de estos organismos no radica solo en el hallazgo de su existencia. Su inesperada diversidad ha puesto en jaque nuestra visión del planeta al sacar a relucir nuestra propia ignorancia.

Lo que conocemos
El estudio de la biodiversidad permite dar sentido al aparente caos de organismos que viven en nuestro planeta y crear un marco conceptual con el que poder abordar preguntas para entender la vida que nos rodea. Si bien el conocimiento sobre la biodiversidad se ha alimentado, a lo largo de la historia, de todo tipo de fuentes (procedentes de médicos, exploradores, culturas regionales, etcétera), la sistematización de su estudio se dio en el siglo XVIII, siendo Carlos Linneo uno de sus más conocidos exponentes. Dicha sistematización facilitó la comprensión del parentesco entre especies y su evolución, y permitió dibujar las primeras pinceladas del cuadro que debería representar la biodiversidad del planeta.

Por razones lógicas, los primeros esfuerzos en completar el catálogo de especies se centraron en aquellas formas de vida más aparentes: los animales, las plantas y los hongos. Estos tres grandes reinos acapararon nuestra atención hasta que se descubrió un mundo desconocido, antes solo intuido por algunos.

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