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  • Julio 2018Nº 502
Cartas de los lectores

Economía

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Cartas de los lectores: Divisa política

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En el artículo «Hacer saltar la banca» [Investigación y Ciencia, marzo de 2018], Alexander Lipton y Alex Pentland argumentan que, bien usadas, las criptomonedas podrían conseguir un sistema financiero global más transparente, responsable y equitativo. Tanto su artículo como los otros dos que acompañan el informe sobre el futuro del dinero parecen obviar todo lo relacionado con la creación y la distribución de riqueza real: la producción de bienes y servicios valiosos para las personas, de los cuales una moneda no es sino el medio de intercambio.

Hoy en día, un porcentaje excesivo de las ganancias corporativas proviene de las finanzas. Las criptomonedas parecen ser ajenas a los problemas de la riqueza real y, en su lugar, se asemejan a un juego de ordenador hecho para que los ricos especulen. Las monedas tienen el valor que la gente les da. Cuando se distancian de la economía real, incentivan la explotación y la corrupción de aquellos encargados de preservar la integridad del mismo sistema que ocupó un papel clave en la crisis de las hipotecas basura.

Es difícil ver por qué las criptomonedas iban a conseguir una economía más igualitaria. Lo que necesitamos es un mayor control social de la inversión por parte de todos los interesados y una distribución menos desequilibrada de las ganancias.

Stanley Hirtle
Dayton, Ohio


Aunque Lipton y Pentland aclaran el funcionamiento de las criptodivisas, caen en algunas distorsiones en otros ámbitos. Al describir el comienzo de los bancos centrales en la Europa del siglo XVII, afirman que los reyes «devolvían habitualmente los préstamos [pedidos a los comerciantes para combatir en guerras] gracias a los impuestos con que gravaban las ganancias». Sin embargo, este tipo de préstamos también se pagaban gracias al saqueo de otras naciones conquistadas durante la guerra. La explotación de los países sometidos fue, y sigue siendo, una fuente de ingresos para las naciones imperialistas.

El artículo aborda la indeseable concentración de la riqueza en pocas manos, pero lo atribuye a «paradigmas obsoletos» y describe la crisis de 2008 como causada por «una insuficiente capacidad burocrática para atender las pérdidas individuales de decenas de millones de ciudadanos». Sin regulaciones estrictas, dudo que ningún sistema financiero sea capaz de frenar la avaricia que está aumentando la brecha entre ricos y pobres y agravando el calentamiento global. Creo que el interés en rescatar a la industria financiera en 2008 se debió a la enorme influencia que esta tenía sobre los Gobiernos de Bush y Obama. Solucionar este problema exigirá leyes que prohíban las puertas giratorias entre las finanzas y la política y una mayor recaudación impositiva.

Julian Weissglass
Profesor emérito de la Universidad de California en Santa Barbara

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