Microchips en vertical

Los ingenieros han hallado la forma de comprimir mayor potencia de cómputo en los microcircuitos: construirlos no sólo a lo ancho, sino también a lo alto.

La ciudad de San Francisco se extiende sobre unos 120 kilómetros cuadrados, el doble, aproximadamente, de la superficie de la isla de Manhattan. Pero la producción económica de Manhattan deja chiquita a la de San Francisco. Una de las principales razones de tal disparidad es que las oficinas de California, un territorio sísmicamente activo, propenden a dispersar a su personal y sus instalaciones casi a ras de suelo, mientras que en Nueva York las sedes de las empresas se apilan verticalmente, hacia el cielo. Al edificar a lo alto en lugar de a lo ancho los promotores no sólo incrementan el valor de sus terrenos, sino también la capacidad de trabajo de la ciudad en su conjunto.

Una estrategia similar, aplicada al mundo microscópico de los microcircuitos electrónicos, podría rejuvenecer a una industria de semiconductores que está mostrando síntomas de senectud desde hace algún tiempo. Resulta sorprendente que de los más de cien mil billones de transistores que, según Gordon E. Moore (uno de los fundadores de Intel), han sido fabricados hasta la fecha, prácticamente todos se hayan construido "a ras del suelo", es decir, directamente sobre las superficies de cristales de silicio. La población de transistores por microcircuito se ha ido duplicando con una regularidad asombrosa ("ley de Moore" le llaman a eso en el ramo) mediante la ampliación de la superficie de los chips y la reducción creciente del tamaño de cada transistor. Pero, por así decirlo, se construyen solamente galerías comerciales, no rascacielos.

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