Medir la vitalidad de los ríos

La velocidad de descomposición de la hojarasca constituye un buen indicador de la salud de los ecosistemas fluviales.

CORTESÍA DE ARTURO ELOSEGI

Los ecosistemas que gozan de un buen estado de salud presentan una estructura y funcionamiento adecuados. En el caso de los ríos, la estructura hace referencia a aspectos como la calidad del agua, la forma del cauce, los márgenes y las riberas, y las comunidades biológicas que habitan estos medios. El funcionamiento, por otro lado, está basado en procesos ecológicos como la producción primaria, el reciclado de nutrientes o la retención y descomposición de materia orgánica. Tales procesos son a su vez la base de importantes servicios ecosistémicos (los recursos o procesos que benefician a los seres humanos): entre ellos, la capacidad de autodepuración de las aguas, el abastecimiento de agua potable o la producción de peces.

Existen numerosos métodos estandarizados para evaluar las propiedades estructurales de los ríos, pero pocos para valorar sus características funcionales. Por ello últimamente se trabaja en definir y poner a punto técnicas de evaluación del funcionamiento de los ríos. Una de las variables que más se está estudiando es la capacidad de descomponer hojarasca.

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