El retorno del Cielo de Salamanca

Arte y astronomía en la bóveda de la antigua biblioteca universitaria salmantina.

El Cielo de Salamanca puede contemplarse, desde su restauración en 1952, en el Patio de las Escuelas Menores de la Universidad de Salamanca. [UNIVERSIDAD DE SALAMANCA/ SANTIAGO SANTOS]

El 13 de junio de 1472, el claustro de la Universidad de Salamanca trató sobre la construcción de una nueva biblioteca. Este era un proyecto ya antiguo, que se había ordenado llevar a cabo en la universidad en las constituciones que en 1411 le otorgó el papa Benedicto xiii de Aviñón. Conocido como el papa Luna, su nombre era, en realidad, Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor. Natural de Illueca (en lo que hoy es la provincia de Zaragoza), estudió en la Universidad de Montpellier, en la que se doctoró y posteriormente fue profesor de derecho canónico. Su labor en pro de ordenar la actividad de la Universidad de Salamanca sería clave para situarla en la vía que la convertiría en una de las más importantes de toda Europa en el siglo XVI. (Las contribuciones del papa Luna fueron tan importantes que ha sido considerado el tercer fundador de la Universidad de Salamanca, a la par que el rey Alfonso IX, que estableció el Estudio General salmantino en 1218, y su nieto Alfonso X el Sabio, que le otorgó la Carta Magna en 1254 y que un año más tarde consiguió que el papa Alejandro iv concediera validez universal a los grados por ella conferidos y el privilegio de tener sello propio.)

Así, en las constituciones de la Universidad también se especificaba que esta debía contar con un edificio propio. Ello dio origen al edificio de las Escuelas Mayores, al que después se le añadiría la fachada plateresca en la que hoy en día es habitual encontrar grupos de turistas que se afanan por hallar la famosa rana. Si cabe, todavía más importante para nuestro relato es el mandato contenido en dichas constituciones que especificaba que la universidad debía instituir una cátedra de astrología. (En aquella época, la astrología —sinónima entonces de astronomía— constituía una de las siete artes liberales y se creía que su conocimiento era indispensable para el correcto ejercicio de la medicina).

 

La antigua biblioteca

Pero volvamos a la reunión del claustro. En ella se expuso que hacía mucho tiempo que se había mandado construir la biblioteca del Estudio y que no se hubiera comenzado ya era un gran daño, oprobio y vergüenza para la universidad. A pesar de estas palabras, no sería hasta diciembre de 1473 cuando se dotaría económicamente el proyecto y se comenzaría a buscar un maestro de obras del que tenemos noticias en junio de 1474. Se acordó entonces que la biblioteca estuviera cerrada por una bóveda.

Las obras progresaron lentamente, construyéndose la biblioteca en un primer piso sobre la capilla de la universidad. En septiembre de 1479, el Libro de claustros recoge la orden de pago al maestro Abrayme por el cierre de la bóveda, así que, tradicionalmente, se ha considerado que el fin de las obras de la biblioteca ocurrió en torno a dicha fecha. La bóveda de Abrayme tenía una longitud de 23 metros, una anchura de 8,70 metros y la altura desde su base era de 4,45 metros. Estaba rematada en sus extremos por cuartos de esfera ochavada, unidos por una bóveda de cañón que contenía dos arcos fajones de sillería. Su superficie total rondaba los 400 metros cuadrados

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