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1 de Marzo de 2007
Evolución

Biología evolutiva del cáncer

La selección natural carece de poder para eliminar el cáncer en nuestra especie. Según algunos científicos, pudiera incluso haber facilitado medios para el desarrollo de tumores.

Vasos sanguíneos de un tumor (vaciado en resina). [CLOUDS HILL IMAGING LTD./PHOTO RESEARCHERS, INC.]

En síntesis

La selección natural dispone de una capacidad limitada para impedir el cáncer. Ha proporcionado algunas defensas, pero estas tienden a retrasar la patología hasta fases tardías de la vida, no a erradicarla.

Las fuerzas evolutivas parecen haber favorecido ciertos genes que contribuyen al desarrollo o agresividad del cáncer.

La comprensión de la historia evolutiva del cáncer, y de la forma en que un tumor evoluciona en el cuerpo, sugeriría nuevas vías de ataque contra la enfermedad.

La selección natural no es la perfección natural. Los seres vivos han logrado, por evolución, adaptaciones de una complejidad sobresaliente, pero siguen siendo vulnerables a las enfermedades. Entre las formas más trágicas —y las más enigmáticas— de esos males se encuentra el cáncer. Un tumor canceroso se halla exquisitamente bien adaptado para sobrevivir de acuerdo con su índole deleznable.

Las células cancerosas continúan su proceso de división más allá de lo que lo haría una célula normal. Destruyen los tejidos adyacentes para acomodarse; engañan al organismo para que les suministre la energía que necesita su propagación desaforada. Pero los tumores que nos afligen no corresponden a parási­tos extraños que hayan adquirido estrategias refinadas para atacar nuestro cuerpo. Constan de células nuestras, que se han rebelado contra nosotros. Tampoco los cánceres constituyen rarezas insólitas y estrafalarias: una mujer estadounidense tiene un 39por ciento de probabilidades de sufrir algún tipo de cáncer; un varón, un 45 por ciento.

Para el experto en biología evolutiva, el cáncer viene a ser un rompecabezas deprimente y fascinante a un tiempo. Si la ­selección natural posee capacidad suficiente para producir adaptaciones complejas, que van desde el órgano de la visión hasta el sistema inmunitario, ¿por qué no ha logrado eliminar el cáncer? La respuesta, aducen estos biólogos, se encuentra en el propio proceso evolutivo. La selección natural ha favorecido ciertas defensas contra el cáncer, pero no lo ha erradicado. Más aún: la selección natural podría incluso haber proporcionado de forma involuntaria algunos de los recursos de que se valen las células cancerosas para su desarrollo.

El estudio de la evolución del cáncer está todavía en la infan­cia, con un intenso debate sobre los mecanismos implicados. Queda mucho camino por recorrer en la contrastación experimental de las hipótesis enfrentadas. Algunos clínicos se ­muestran escépticos sobre las posibilidades terapéuticas de tales trabajos. Por su parte, los biólogos admiten que se hallan lejos de descubrir una terapia contra la enfermedad, pero aducen que el conocimiento de la historia evolutiva del cáncer revelaría vías de ataque que de otra forma permanecerían ocultas.

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