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1 de Octubre de 2015
Microbiología

Fertilizantes de origen bacteriano

La aplicación de ciertas bacterias al suelo aumenta la productividad de los cultivos de forma sostenible.

Esta raíz de lechuga, con abundantes pelos radicales (rojo), se halla colonizada por la bacteria Rhizobium leguminosarum (verde) promotora del crecimiento vegetal. (Imagen obtenida mediante microscopía confocal de fluorescencia tras tratar la planta con colorantes fluorescentes.) [Cortesía de José David Flores Félix, Encarnación Velázquez Pérez y Raúl Rivas González]

Los consumidores exigen, cada vez más, alimentos que posean la máxima seguridad desde el punto de vista sanitario y que se hayan producido sin utilizar ningún, o casi ningún, tipo de compuesto que pueda resultar nocivo, como ciertos plaguicidas. También aumenta la concienciación sobre las repercusiones ambientales de la aplicación excesiva de abonos inorgánicos, que en última instancia van a parar a los ríos y al mar, donde pueden provocar floraciones algales tóxicas.

De ahí que la disminución de los abonos sintéticos y su sustitución por otro tipo de fertilización se haya convertido en un objetivo principal en el ámbito de la gestión agrícola. Así, diversas normativas europeas han contemplado la incorporación de microorganismos en los cultivos para que funcionen como biofertilizantes. Dentro de estos se incluyen diversas bacterias que promueven el desarrollo de las plantas de forma directa al movilizar los nutrientes del suelo y volverlos disponibles para los vegetales. También lo hacen de forma indirecta, al producir fitohormonas que aumentan el crecimiento, estimular mecanismos de defensa de la planta frente a posibles ataques de animales y mantener a raya los patógenos microbianos [véase «Tierra prodigiosa», por Richard Conniff; Investigación y Ciencia, noviembre de 2013].

El género Rhizobium y otras bacterias afines son algunos de los biofertilizantes más conocidos. Forman nódulos en las raíces de la planta y establecen con ella una relación simbiótica al suministrarle el nitrógeno que fijan de la atmósfera. Estos microorganismos han sido utilizados como inoculantes de leguminosas durante décadas y han demostrado la mejora de la productividad y una alta seguridad para la salud humana y animal.

En nuestro laboratorio estamos aplicando con éxito estas bacterias a diversos cultivos, entre ellos varios cereales, como el arroz o el maíz, y diversas hortalizas, como la lechuga, el tomate, la espinaca o la zanahoria. Hemos comprobado que tienen una gran capacidad para interaccionar con las plantas y mejorar su producción. Nuestros hallazgos apoyan, por tanto, el empleo de los microorganismos como biofertilizantes.

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