Conducir sin sacudidas

La suspensión y los amortiguadores de un vehículo aseguran que este se mantenga pegado a la calzada. Sin embargo, han de tener también en cuenta la biomecánica del cuerpo humano.

Las ruedas de los vehículos están equipadas de una suspensión (un muelle) y un amortiguador. La combinación de ambos atenúa los efectos de las irregularidades de la calzada. [BRUNO VACARO]

Las carreteras nunca son perfectamente planas. Cuando se deterioran, los baches y las elevaciones de la calzada inducen en las ruedas de nuestro vehículo un movimiento vertical, el cual se transmite a la carrocería y a los pasajeros. Los inconvenientes son múltiples: pérdida de contacto entre las ruedas y el asfalto, desgaste de la estructura del automóvil, incomodidades para los pasajeros... Para evitarlo, los sistemas de suspensión desempeñan una función clave. Pero ¿cómo se eligen sus características?

El análisis de los movimientos de la carrocería de un vehículo y de su comportamiento en carretera puede complicarse con rapidez. Por ello, en lo que sigue nos limitaremos a los movimientos verticales de un automóvil que viaja en línea recta. Agucemos el ingenio e imaginemos un vehículo sin suspensión; es decir, con unos ejes unidos rígidamente al chasis.

Cuando la calzada sea plana no sucederá nada reseñable. Pero, si aparece un desperfecto, las ruedas experimentarán una aceleración vertical. Aunque levemente compresibles, los neumáticos no podrán absorber esa deformación, por lo que transmitirán a la carrocería una aceleración vertical y, con ella, una velocidad en la misma dirección. ¿Qué ocurre entonces?

Muelles de suspensión

Supongamos que el vehículo pasa por un badén a 36 kilómetros por hora; esto es, 10 metros por segundo. Cuando las ruedas delanteras avanzan sobre el lado ascendente, al que supondremos una pendiente del 10 por ciento, llevan una velocidad hacia arriba de 1 metro por segundo. Después de que rebasen la cima del badén, perderán contacto con la calzada y el vehículo «despegará»: pese a la gravedad, conservará esa velocidad ascendente durante 0,2 segundos y, como consecuencia, recorrerá al menos 2 metros antes de volver a hacer contacto con el suelo.

Para evitarlo, hay que impedir que el movimiento vertical de las ruedas se transmita rápida y totalmente a la carrocería, a fin de que esta permanezca horizontal pese al badén. Este requisito nos lleva a incorporar una suspensión compresible: justo lo que consiguen los muelles que podemos ver en la mayoría de los vehículos.

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