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Huellas de rinoceronte

Una técnica inspirada en los rastreadores indígenas ayuda a controlar a estos herbívoros.

THOMAS FUCHS

La demanda internacional de cuernos de rinoceronte negro ha promovido durante décadas la matanza de estos animales en países como Namibia, Zimbabue y Sudáfrica. Se calcula que en 1960 quedaban unos 100.000 ejemplares, y en 1995 no llegaban a 2500. Las campañas de conservación han elevado la cifra hasta los 5600 rinocerontes actuales, pero la especie sigue en peligro crítico, y la caza furtiva es una de las mayores amenazas.

Los científicos buscan protegerlos siguiendo sus desplazamientos con dispositivos GPS sujetos al cuello o a los tobillos, o implantados en los cuernos. Los datos permiten controlar el número de rinocerontes y saber si se adentran en lugares frecuentados por los furtivos. Pero los aparatos sufren averías y para colocarlos hay que sedar a los animales, lo cual puede resultar nocivo.

Un estudio reciente publicado en PeerJ describe un nuevo método de seguimiento que emplea teléfonos inteligentes para registrar las pisadas de los rinocerontes. Esta «técnica de identificación de huellas» (TIH) incluye un programa informático que analiza los movimientos de los animales para mantenerlos a salvo de los furtivos.

La idea surgió a raíz de la colaboración con rastreadores locales de Zimbabue. Estos expertos en huellas saben reconocer un rinoceronte concreto a partir de la forma de sus pezuñas y (si se aprecian) de las marcas que dejan las grietas de las almohadillas del talón, tan distintivas como nuestras huellas dactilares. «De no ser por los rastreadores, quizás no habríamos pensado en las pisadas», admite Sky Alibhai, cofundador de la organización conservacionista WildTrack y uno de los autores principales del estudio.

Para usar el nuevo método, los científicos fotografían las huellas de rinoceronte con una aplicación móvil y las suben a una base de datos mundial. El análisis mediante la TIH permite identificar el animal y determinar su edad y sexo con una precisión del 99 por ciento. También es posible estimar el número de ejemplares que hay en una zona y vigilar sus desplazamientos.

Alibhai y Zoe Jewell, cofundadora de WildTrack y coautora principal del artículo, están enseñando a usar la TIH a conservacionistas, gestores de tierras, guías locales y guardas forestales de Namibia, hogar del 28 por ciento de los rinocerontes negros del planeta. Y ya han adaptado la técnica a otros animales, como el león africano, el tigre de Bengala o la nutria europea.

Ciska Scheijen, científica del colectivo sudafricano Rockwood Conservation ajena al estudio, opina que «es un gran método para supervisar y censar a los animales». Con todo, se pregunta si la TIH será efectiva en la época de lluvias, cuando las huellas se desdibujan, y si servirá para seguir a grandes conjuntos de animales, en vez de los 35 ejemplares incluidos en el nuevo trabajo.

Los animales amenazados suelen vivir en grupos pequeños o estar desperdigados, replica Jewell, pero «la TIH permite ampliar la escala, y nos encantaría aplicarla a especies en peligro que conformen poblaciones más numerosas».

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