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  • Septiembre 2011Nº 420
Foro científico

Sociología

Confíe en mí, soy un científico

Por qué tantos optan por no creer lo que dicen los científicos.

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Un amigo mío sostiene que el autismo de su hijo fue provocado por una vacuna que le pusieron de pequeño. Sigue abrazando esta opinión a pesar de una serie de estudios científicos que descartan vínculos entre el autismo y las vacunas. Cuando el artículo que apuntaba la existencia de una tal relación cayó en descrédito, por falsario, la reacción de mi amigo fue que ahora sería más difícil persuadir al público de los peligros de la vacunación. No es el único: casi la mitad de los estadounidenses creen que existe, o podría existir, un vínculo entre las vacunas y el autismo.

La paradoja no termina ahí. Mi amigo insiste en que confía en los científicos. De nuevo, como la mayoría. En una encuesta patrocinada por la Fundación Nacional de Ciencia, hubo más participantes que expresaron «gran confianza» en los científicos que en dirigentes de cualesquiera otras instituciones, excepto los militares. Los estadounidenses consideran que los científicos son más expertos e imparciales que los líderes de otros sectores sociales, económicos o gubernativos. ¿Por qué, pues, se confía en los científicos en asuntos de carácter general, pero no en ciertas cuestiones concretas?

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