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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2012Nº 433

Cognición

El lenguaje y la razón

¿Qué relación guardan entre sí lenguaje y pensamiento? ¿Razonamos siempre mediante un monólogo interno o podemos hacerlo sin recurrir a las palabras?

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«Los hombres creen que su razón demanda las palabras; pero también sucede que las palabras tornan su fuerza contra la razón.» Estas reflexiones fueron escritas por Francis Bacon en 1620, en su obra Novum organum. ¿En qué consisten exactamente los pensamientos? ¿Constan de la oración misma, o son más bien una idea abstracta que representamos por medios lingüísticos? En una conferencia que impartí en cierta ocasión, hablaba sobre un pensamiento que había anotado en un papel. Un compañero señaló: «Hablas sobre un pensamiento, ¡pero en tu hoja veo una oración!». Tan sutil distinción puede resultar acertada. Sin embargo, trate usted de poner sobre el papel cualquiera de sus pensamientos sin emplear palabras. Todo lo más, algo así se encontrará al alcance de un matemático.

El problema que ponen de manifiesto los ejemplos anteriores nos conduce a la pregunta sobre la relación entre lenguaje y pensamiento. ¿Usamos la lengua para expresar nuestros pensamientos o es la lengua en sí la herramienta que nos faculta para pensar?

Muchos tendrán la sensación de que, cuando reflexionan, llevan a cabo una especie de monólogo interior. ¿Es el pensamiento, en esencia, un habla interna? Aunque de manera intuitiva esta opción se antoja plausible, lo cierto es que dicho monólogo interior solo se nos hace patente cuando nos concentramos y renunciamos a cualquier otra actividad. Por tanto, cabe la posibilidad de que esa habla interna solo acompañe al razonamiento en aquellos momentos en los que no usamos nuestro aparato lingüístico para otros fines. Puede que se trate de un efecto secundario asociado al pensamiento, pero no de algo imprescindible para que este tenga lugar.

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