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Llegan los telescopios virtuales

La NASA explorará cómo construir un gigantesco telescopio espacial a partir de dos pequeños satélites en órbita.

Tom (derecha) y Gerry (izquierda), dos cubesats que, a bordo de un cohete Falcon 9 de Space X se desplegarán al unísono una vez que alcancen su órgbita. Jerry conservará su posición orbital. Tom se situará entre el Sol y Jerry, a 10 metros de este último. Ambos incorporarán sensores solares para mantenerse orientados con respecto a su objetivo prinicpal. [DON FOLEY]

Más de cuatro siglos después de que Galileo fabricase su primer catalejo, la NASA y la Universidad Yonsei, en Corea del Sur, intentarán construir un «telescopio virtual» a partir de dos sondas espaciales independientes. Para poner a prueba el concepto, los científicos han fabricado dos pequeños satélites cúbicos, o cubesats, cuyas órbitas intentarán alinear con el objetivo último de componer un telescopio cuya longitud focal sea igual a la distancia que separa las naves. La misión, cuyo lanzamiento está previsto para principios de 2017 y que tiene un coste aproximado de un millón de dólares, allanará el camino hacia un nuevo tipo de instrumento que permitirá estudiar el Sol o exoplanetas lejanos sin necesidad de un lanzar un telescopio enorme y mucho más pesado.

El proyecto, bautizado como «Astronomía con Cubesats de la NASA y Yonsei para un Experimento de Alineamiento de Telescopio Virtual», cuyo acrónimo en inglés es CANYVAL-X, tendrá una duración de seis meses. Usará dos sondas espaciales con el tamaño conjunto de una hogaza de pan de molde, las cuales orbitarán apuntando en línea recta hacia su objetivo. «Coordinar dos sondas espaciales, alinearlas con respecto a una fuente lejana y mantener dicha configuración es algo que no se ha intentado antes», explica Neerav Shah, ingeniero aeroespacial en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.

Los telescopios virtuales podrían resultar muy útiles, ya que los componentes que normalmente suelen estar alojados en un mismo instrumento volarán por separado, lo que según Shah supondría una ventaja para ciertas misiones. Por ejemplo, un instrumento emplazado en uno de los satélites podría bloquear el resplandor del Sol o de una estrella lejana, lo que permitiría que una cámara alojada en el otro fotografiase fenómenos sutiles, como la fantasmal corona solar o un exoplaneta en torno a su estrella. Otros telescopios diseñados para detectar radiación de alta energía, como los rayos X, exigen una considerable distancia entre los espejos y los detectores, por lo que suelen ser instrumentos de gran tamaño, lo que implica grandes costes de construcción y de lanzamiento.

El objetivo de CANYVAL-X no es transportar todos los componentes necesarios para el funcionamiento de un telescopio, sino demostrar la viabilidad de la técnica. En 2019, una misión de 100 millones de euros de la Agencia Espacial Europea, Proba-3, pondrá en órbita un telescopio virtual completamente operativo para estudiar el Sol.

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