Desinformación climática en la escuela

Así manipulan las empresas gasísticas y petrolíferas lo que se enseña en las aulas y libros de texto de Estados Unidos, de preescolar a secundaria.

[TAYLOR CALLERY]

En síntesis

En EE.UU., la población general y los docentes piensan que en las escuelas debería enseñarse la ciencia que subyace a la crisis climática. La industria energética, en cambio, trata de impedirlo.

En Texas, el Consejo de Energía, una coalición que agrupa a las empresas gasísticas y petroleras, participa en la elaboración de las directrices curriculares de ciencias. Su propósito es fomentar el inactivismo y las actitudes positivas frente a los combustibles fósiles.

Dado que Texas es el estado en que más libros de texto se venden, los editores elaboran los materiales educativos acorde con las directrices tejanas, tradicionalmente conservadoras. Puesto que estos libros se venden luego en muchos otros estados, ello acaba condicionando lo que se enseña en las aulas de todo el país.

En una monótona sala de audiencias en Austin, Texas, los miembros de la Junta Estatal de Educación, sentados en pequeños pupitres suficientemente separados unos de otros y dispuestos de tal forma que componían un círculo amplio, debatían sobre si los estudiantes de ciencias de secundaria deberían estar obligados a conocer «los esfuerzos que deben realizarse para mitigar el cambio climático». Uno de esos miembros, un profesor de ciencias que llevaba toda la vida dando clases en una escuela pública, se postuló a favor de la medida. Otro, abogado de la compañía petrolífera Shell, propuso que se eliminara ese contenido.

Ganó el abogado. Al final, la junta decidió que los alumnos de ciencias de secundaria estudiaran, en su lugar, «el ciclo del carbono».

Durante los dos últimos años, en las reuniones de las juntas de educación de todo Estados Unidos se han oído protestas contra las mascarillas o las listas de lectura y se ha debatido sobre si se debe prohibir la educación sobre el racismo estructural. En Texas, se respiraba una agenda política más tranquila, en la reunión con poca asistencia que se celebró para elaborar las directrices curriculares para la educación científica (las guías que definen qué deberían aprender los estudiantes en cada asignatura y curso). Por primera vez, la Junta Estatal se había planteado exigir a los estudiantes que aprendieran algo sobre el cambio climático antropogénico. Esta propuesta originó una tensa disputa entre los representantes de la industria, interesados en fomentar las actitudes positivas frente a los combustibles fósiles, y los defensores de la educación, que piensan que los estudiantes deben aprender la ciencia que subyace a la crisis climática que se desarrolla a su alrededor.

La adopción de las directrices curriculares constituye un ejercicio de burocracia, pero los resultados influyen sobremanera en lo que se enseña en las aulas. Las editoriales las consultan cuando han de escribir sus libros de texto. Los funcionarios de educación las utilizan a la hora de elaborar sus pruebas. Los distritos escolares recurren a ellas para elaborar sus planes de estudio. Lo mismo hacen los profesores cuando diseñan sus asignaturas. Cada estado adopta sus propias directrices, pero hace mucho tiempo que las aprobadas por Texas tienen una influencia que traspasa las fronteras del estado.

En 2020, dos importantes grupos que trabajan por la defensa de la educación, el Centro Nacional para la Educación Científica y la Red de Libertad de Texas, contrataron a expertos para evaluar los currículos científicos de los 50 estados, además de Washington, D. C., basándose en cómo se trataba la crisis climática. Treinta estados y la capital sacaron un «sobresaliente» o un «notable». Texas fue uno de los seis estados cuya nota fue un «muy deficiente». Pero, como Texas es uno de los estados donde se compran más libros de texto de todo el país —y dado que los quince miembros electos de su Junta Estatal de Educación tradicionalmente han adoptado un punto de vista conservador en esos libros de texto—, los editores prestan mucha atención a las directrices decididas en Texas cuando crean los materiales que luego venden a las escuelas de todo el país. Una vez, un antiguo editor de libros de texto de ciencia me comentó: «Nunca he oído decir explícitamente a nadie "no podemos hablar de ecologismo por culpa de Texas", pero es algo que todos sabemos». De esta forma, lo aprobado en una sala de juntas de Austin influye en lo que se enseña a millones de niños de todo el país.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.

Responsable: Prensa Científica, S.A. Finalidad: enviarle por correo electrónico los boletines que haya solicitado recibir. Derechos: tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como a otros derechos, como se explica en la información adicional y detallada que puede consultar en nuestra Política de Privacidad.