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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2015Nº 464

Medicina

Toxinas contra el dolor

Ciertas moléculas presentes en venenos naturales podrían brindar una alternativa a los adictivos fármacos opiáceos.

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Extraer el veneno de los ciempiés no supone una tarea fácil, explica Gleen King, bioquímico de la Universidad de Queensland. «Los atamos con bandas elásticas, acercamos un par de fórceps eléctricos a sus tenazas, aplicamos un voltaje y los animales expelen el veneno.»

Los microlitros extraídos pueden esconder las claves para una nueva serie de fármacos destinados a aliviar el dolor. Los venenos constituyen reservas naturales de moléculas que adormecen el sistema nervioso, y King, con 400 tipos de veneno en su laboratorio, se sitúa en la vanguardia de los esfuerzos para identificar analgésicos en los aguijones de ciempiés, arañas, caracoles y otras alimañas.

Las grandes compañías farmacéuticas han estado esforzándose en sintetizar una sustancia distinta a los analgésicos adictivos como la morfina, pero han tenido dificultades para hallar moléculas que actuaran específicamente sobre los nervios de interés. Los venenos, sin embargo, han evolucionado de forma natural para contener moléculas con este tipo de especificidad. En animales de laboratorio, estos compuestos adormecen vías nerviosas concretas sin dañar el resto del organismo. Las dianas en las que se están centrando numerosos investigadores son los llamados canales iónicos dependientes de voltaje, habituales en las neuronas que perciben estímulo doloroso. Al obstruir un tipo particular de canal, conocido como Nav1.7, evitan que la célula transmita un mensaje de dolor a otras partes del cuerpo, como se detalla en el artículo principal.

Ciertos componentes del veneno poseen la forma y la actividad química adecuadas para fijarse a una parte del canal denominada sensor de voltaje, una acción que anula todo el canal. En 2013 King identificó la molécula m-SLPTX-Ssm6a, que parece ser uno de los inhibidores más selectivos que se hayan visto nunca del Nav1.7. Lo descubrió en el veneno del ciempiés chino de cabeza roja (Scolopendra subspinipes mutilans), que puede alcanzar 20 centímetros de longitud y cuenta con un par de feroces pinzas en forma de tenazas. Su picadura sin duda duele, afirma King. La molécula, no obstante, ejerce el efecto contrario: en experimentos llevados a cabo con ratones, alivió el dolor mejor que la morfina. Y lo hizo sin provocar efectos no deseados en la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca o la función motora, lo que indicaba que no deprimía el sistema nervioso central, como haría un opiáceo como la morfina.

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