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¿Debe investigarse con animales?

La sociedad, en parte reticente a esta práctica fundamental, debe estar informada de por qué y cómo se realiza la experimentación animal.

© GEORGEJASON/ISTOCKPHOTO

La investigación con animales ha desempeñado desde el pasado siglo XX un papel trascendental en casi todos los avances logrados en medicina y veterinaria y nos ha ayudado enormemente a comprender el funcionamiento de los organismos. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos estima que, gracias a ella, la esperanza de vida ha aumentado en más de veinte años desde 1900. Los estudios con animales son un paso previo a los ensayos clínicos en humanos y han permitido establecer protocolos dirigidos a la prevención y curación de enfermedades, desarrollar antibióticos, vacunas y quimioterapias avanzadas y realizar intervenciones como transfusiones de sangre, diálisis o trasplante de órganos. Aunque todos esos logros son aceptados por la mayoría de la sociedad, una parte creciente de ella se opone a estos estudios o no está segura de que resulten necesarios.

Algunos de los grupos objetores dan por sentado que no tienen que justificar moralmente su posición, puesto que no son ellos quienes «dañan» a los animales. Ante esa actitud, deberíamos valorar cuál sería el costo para la humanidad de suprimir la experimentación con animales. Sin duda sería elevado, en términos de vidas y sufrimiento humanos. ¿Cómo puede justificarse entonces no hacer nada para evitarlo? Por tanto, la posición de prohibir estos estudios no es moralmente neutra y exige una justificación que quienes la defienden no parecen estar dispuestos a ofrecer.

Es necesario que la sociedad conozca que los científicos cumplimos reglas éticas, económicas y jurídicas estrictas a la hora de usar animales. El número de ejemplares utilizados en España se ha reducido notablemente desde hace un par de años, casi un 15 por ciento. En 2015 se emplearon poco más de 800.000, el 85 por ciento de los cuales correspondía a roedores (ratones y ratas, principalmente). ¿Es esta una cifra excesiva? En 2013 se sacrificaron en nuestro país más de 41 millones de cerdos para alimentación. En el Reino Unido los gatos domésticos matan cada semana unos 5 millones de animales (sobre todo roedores y pájaros), más de los utilizados en investigación biomédica cada año en ese país. En diecisiete días de actividad, los felinos ingleses matan más animales que los empleados en un año de experimentación en toda la Unión Europea. Los datos son reveladores y demuestran que el número de animales utilizados en investigación es modesto, en comparación.

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