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1 de Febrero de 2017
Cognición

¿Saben los animales que piensan lo que piensan?

Varios modelos computacionales ponen en tela de juicio las pruebas empleadas hasta ahora para evaluar la existencia de procesos metacognitivos en los animales.

           © WLDavies/ISTOCKPHOTO

Además de formar juicios sobre el mundo exterior, los humanos también tenemos la facultad de juzgar nuestros propios procesos cognitivos (percepciones, pensamientos, creencias...). Preguntas como «¿quién soy?», «¿por qué existimos?» o «¿estoy tomando la decisión correcta?» nacen de nuestra capacidad de introspección; es decir, del hecho de que nuestros procesos cognitivos pueden tomar, como objeto de trabajo, otros procesos cognitivos. Tales aptitudes reciben el nombre genérico de metacognición.

La metacognición constituye uno de los pilares del pensamiento moderno: baste recordar el célebre «cogito, ergo sum» de Descartes, «pienso, luego existo». De hecho, las personas estamos seguras de que podemos pensar y razonar sobre nuestros propios pensamientos; las alteraciones de dicha facultad son típicas de ciertos trastornos mentales, como algunas formas de autismo o de psicosis.

Sin embargo, algo que ya no resulta tan evidente es que otros seres humanos gocen de los mismos procesos. En la distopía de la película Matrix, por ejemplo, los humanos crecen en un entorno artificial y todas sus percepciones son controladas por máquinas mediante procesos de estimulación cerebral; un experimento mental que se remonta por lo menos a Descartes y que, en filosofía, se conoce como «cerebro en una cubeta». Con todo, la mayoría de las personas sí parecemos dispuestas a creer que los demás seres humanos gozan de capacidades metacognitivas. Ahora bien, ¿ocurre lo mismo con los animales?

La respuesta inmediata de todo aquel que haya tenido una mascota será afirmativa. «Mi perro sabía que estaba enfadado con él, por eso se escondía» es una frase que tal vez muchos hayamos pronunciado alguna vez. Sin embargo, no deja de ser una perspectiva antropocéntrica suponer que aquellos agentes que muestran un comportamiento similar al nuestro disponen, además, de los mismos procesos mentales.

En un trabajo publicado a finales del año pasado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, los autores de este artículo presentamos una revisión crítica de varias de las pruebas empleadas hasta ahora para inferir la existencia de procesos metacognitivos en animales. Nuestro estudio puso de manifiesto que es posible reproducir ciertos comportamientos animales mediante modelos computacionales muy sencillos: tan simples que, de hecho, podrían implementarse en el sistema nervioso de un gusano. Aunque estos resultados no demuestran la ausencia de metacognición en animales, sí plantean serias dudas sobre el significado de las conclusiones extraídas hasta la fecha.

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