Los himba y la presa hidroeléctrica

La zona donde se levantará la presa sobre el río Kunene es un microcosmos que ilustra la suerte que pueden correr otras regiones del mundo en que hay decenas de embalses en construcción.
Sólo cuando hemos subido a la cima desde donde se domina el curso del Kunene -río fronterizo entre Angola y Namibia- se percata el jefe tribal Jakatunga de la enormidad de la presa proyectada. "Mire allá", le digo con la ayuda de un intérprete, señalando hacia un estrechamiento del cauce, punto ideal según los ingenieros para levantar el dique. Dándome luego la vuelta, apunto a las colinas del este. "Y el agua retenida por la presa formaría un lago que llegaría hasta allí." Veo en sus ojos una mezcla de asombro e incredulidad a medida que empieza a comprender cuánto subiría el agua por la falda de las colinas anegando más de 350 kilómetros cuadrados del territorio himba, sus pastizales y las tumbas de sus antepasados. Aprieta sobre los hombros su manto y se sienta en una roca sin decir palabra.
Tjiuma es consejero de uno de los jefes de la tribu himba, pueblo autosuficiente formado por 16.000 personas que llevan una austera existencia en el árido y rocoso noroeste de Namibia, viviendo de la leche y la carne de sus vacas y cabras, más algún que otro melón o calabaza. A los himba se les llama también el Pueblo Rojo, porque recubren su cuerpo, cabello y cuero de su indumentaria de un empaste de manteca y polvillo de ocre ferroso. Refieren ellos que usan tal mixtura por motivos estéticos; lo cierto es que también les protege la piel contra la aridez del clima.

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