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Actualidad científica

  • 13/12/2018 - Tecnología

    Un dispositivo para medir nuestra exposición al sol

    Colocado en la piel o la ropa, el pequeño aparato aporta datos sobre la cantidad de radiación ultravioleta, visible e infrarroja que acumula el organismo. Destacan sus múltiples aplicaciones tanto cosméticas como médicas.

  • 12/12/2018 - Climatología

    Oscurecer el sol para enfriar la Tierra: el primer experimento

    Unos investigadores tienen pensado rociar la estratosfera con partículas que reflejen la luz solar. En última instancia, de esta forma se podría reducir deprisa la temperatura de la Tierra.

  • 12/12/2018 - Envejecimiento

    La tenacidad beneficia la salud física

    Las personas de edad avanzada tenaces pero también flexibles en sus objetivos gozan de un espacio vital mayor y, con ello, de más relaciones sociales y actividades físicas.

  • 11/12/2018 - glaciología

    Se acelera la pérdida de hielo de Groenlandia

    Los testigos de hielo, los datos de los satélites y los modelos climáticos revelan la violenta transformación de la vasta capa de hielo.

  • 11/12/2018 - Neuropsicología del desarrollo

    ¿Infecciones que desencadenan trastornos mentales?

    Un estudio realizado en Dinamarca asocia la invasión de microrganismos patógenos, durante la infancia y adolescencia, con el desarrollo de la esquizofrenia y otras alteraciones de la personalidad y la conducta.

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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 2017Nº 492

Inteligencia artificial

Hacia una inteligencia artificial más humana

Las máquinas están empezando a incorporar lo que sabemos acerca de la manera en que los niños aprenden sobre el mundo.

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Si uno pasa mucho tiempo con niños, terminará preguntándose cómo es posible que estos jóvenes seres humanos sean capaces de aprender tantas cosas con tanta rapidez. Los filósofos, ya desde la época de Platón, se han planteado la misma cuestión, pero nunca han hallado una respuesta satisfactoria. Mi nieto de cinco años, Augie, sabe de plantas, animales y relojes, por no hablar de dinosaurios y naves espaciales. También entiende lo que otras personas desean y la manera en que piensan y sienten. Y sabe usar todo ese conocimiento para clasificar cuanto ve y oye y realizar predicciones. Por ejemplo, hace poco declaró que una especie de titanosaurio recién descubierta y que se exhibe en el Museo de Historia Natural de Nueva York se alimentaba de plantas, por lo que en realidad el animal no daba tanto miedo.

Sin embargo, los estímulos que Augie recibe del entorno se reducen a una corriente de fotones que inciden sobre la retina y a perturbaciones del aire en contacto con los tímpanos. De algún modo, el ordenador neural que se esconde tras sus ojos azules se las ingenia para procesar la limitada información que captan sus sentidos y usarla para efectuar predicciones sobre titanosaurios herbívoros. Una pregunta persistente es si los ordenadores electrónicos pueden hacer lo mismo.

Durante los últimos quince años, los teóricos de la computación y los psicólogos han tratado de hallar una respuesta a dicha cuestión. Los niños adquieren una inmensa cantidad de conocimientos con una pequeña aportación por parte de padres y profesores. A pesar de los enormes progresos efectuados en inteligencia artificial (IA), ni siquiera los ordenadores más potentes pueden igualar aún la capacidad de aprendizaje de un niño de cinco años.

Descifrar el funcionamiento del cerebro infantil y crear luego una versión digital que opere con idéntica eficacia supondrá un desafío para los científicos computacionales durante los próximos decenios. Pero, mientras tanto, ya están comenzando a desarrollarse las primeras máquinas que integran parte de lo que sabemos acerca de cómo aprendemos los humanos.

Dos enfoques
Tras un primer estallido de entusiasmo en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, con el tiempo la IA comenzó a languidecer. En los últimos años, sin embargo, varios avances de primer orden, sobre todo en el campo del aprendizaje automático, han vuelto a poner a la IA en el primer plano tecnológico. Como consecuencia, han surgido multitud de predicciones, tanto utópicas como apocalípticas, acerca de sus implicaciones. De manera bastante literal, se ha llegado a presagiar desde la inmortalidad hasta el fin del mundo, y mucho se ha escrito sobre ambas posibilidades.

Sospecho que los adelantos en IA conducen a sentimientos tan intensos debido a nuestro arraigado temor a todo aquello que sea casi humano. La idea de que puedan existir criaturas capaces de salvar la brecha entre lo humano y lo artificial ha resultado siempre profundamente perturbadora, desde el gólem medieval y el monstruo de Frankenstein hasta Ava, la femme fatale robótica de la película Ex machina.

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