Borrar los recuerdos dolorosos

Nuevas terapias conductistas o farmacológicas, podrían atenuar o suprimir la impronta cáustica de una experiencia traumática.
WIKIMEDIA COMMONS/ARMY MEDICINE/CC BY-SA 2.0

En síntesis

Ciertas patologías, desde fobias hasta dolores, tienen su origen en recuerdos dañinos. La neurociencia ha intentado ordenar el conocimiento sobre la formación de recuerdos en el cerebro para invertir el proceso en pacientes abrumados por traumas físicos o psicológicos.

Cierto compuesto, el péptido ZIP, deja en blanco la memoria de una rata, pero actúa sobre todos los recuerdos, no solo sobre los perniciosos.

La administración de fármacos que rebajen la concentración de norepinefrina, una hormona asociada al estrés, podría atenuar la intensidad del dolor asociado a un trauma previsible o a una experiencia terrible recién sufrida.

Otra estrategia consistiría en manipular la historia personal. Durante la evocación de recuerdos antiguos, se podrían modificar los matices emotivos que los rodean mediante fármacos o terapias conductistas.
En una especie de tiovivo de paredes transparentes, la rata gira lentamente dentro de un pequeño recinto. Al mirar al exterior, el animal ve una serie de marcas en las paredes que le permiten determinar su posición. Llegado a cierto lugar, se le administra una descarga en las patas, un refuerzo negativo según la jerga experimental. Cuando eso ocurre, el múrido da bruscamente media vuelta y huye sin cesar de aquel punto del habitáculo. Lo hará hasta el agotamiento.
¿Cómo lograr que la rata se detenga? Observemos que no bastaría suprimir la descarga, porque la rata no está dispuesta a entrar en la zona de peligro. El animal precisa, bien de una intervención que lo ayude a olvidar el miedo, o bien de una señal antagonista, de seguridad, que se imponga a su temor y modifique su repuesta.
Pensemos ahora en quienes han sido heridos en combate y sufren de ese conjunto de síntomas, impreciso pero muy real, conocido como trastorno de estrés postraumático (TEPT). Esas personas asocian determinados contextos o estímulos (espacios abiertos, muchedumbres, un estruendo súbito) con experiencias dolorosas y rehúyen tales circunstancias siempre que pueden. Se sienten tan atrapadas como la rata, incapaces de averiguar por sí mismas que la situación ha cambiado y ya no entraña peligro.

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