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1 de Febrero de 2014
Microbiología

Ciliados árticos, una explosión de vida

Durante el deshielo estival prolifera este grupo de microorganismos del zooplancton, de una diversidad extraordinaria.

DOLORS VAQUÉ

En el océano Ártico, el agua presenta un rango de temperatura que oscila entre los –1,8 oC y los 8 oC a lo largo del año. A pesar de resultar un lugar inhóspito para los humanos, en primavera, cuando aparecen los primeros rayos solares, empieza a despertar la vida microscópica. Al acercarse el verano se produce un deshielo masivo y los nutrientes que se hallaban atrapados en el hielo se incorporan a la columna de agua en grandes cantidades. Estos son aprovechados por algas microscópicas (fitoplancton) que dan lugar a grandes proliferaciones algales. Las hay de diversos tamaños, como Phaeocystis spp. (de 3 a 5 micrómetros), dinoflagelados (de 10 a 50 micrómetros) y diatomeas (de 20 a 50 micrómetros); constituyen el alimento principal de diferentes organismos del zooplancton, entre ellos los ciliados. Estos corresponden a microorganismos unicelulares de diversas formas y se hallan dotados
de cilios, unas estructuras que los envuelven total o parcialmente y que utilizan para desplazarse y atraer a las presas.

Llama la atención que a estas altas latitudes, sometidas a temperaturas extremas, la abundancia de ciliados resulte similar o superior a la de lugares más templados; en ambas zonas se asemejan también los grupos representados con mayor frecuencia. Desde la superficie hasta los cien metros de profundidad podemos observar abundancias de entre 1000 y 6000 células por litro, además de una gran diversidad de formas y tamaños (entre 20 y 100 micrómetros). Los géneros y grupos más comunes son: Lohmanniella spp., Strombidium spp., Strobilidium spp., Laboea spp., Tontonia spp., Didinium spp., Mesodinium spp. y numerosos tipos de tintínidos.

Hemos constatado que en el océano Ártico los ciliados proliferan con rapidez en verano, durante el deshielo, y se convierten en presa de copépodos, unos crustáceos diminutos que alimentan a los peces; los últimos serán consumidos por aves marinas y focas, y estas, a su vez, por osos polares. Se genera así un engranaje perfecto. Desgraciadamente, esta red trófica está amenazada por una dramática disminución de la cobertura de hielo desde finales de los años ochenta del siglo pasado. Ello se debe al incremento de temperatura terrestre provocado por el efecto invernadero, el cual no está controlado y sigue en aumento.

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