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  • Febrero 2014Nº 449
Apuntes

Geología

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Las mejores piedras para el curling

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Cuando el día 7 de este mes comiencen los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, veremos a esquiadores descender pendientes a 130 kilómetros por hora, jugadores de hockey arrojarse con ímpetu contra las vallas y practicantes de tabla sobre nieve contornearse y ejecutar múltiples vueltas por salto. Sin embargo, podremos disfrutar también de un deporte más tranquilo: el curling. Semejante a unos «bolos sobre hielo», sus participantes deben lanzar una piedra de unos 20 kilos a lo largo de una superficie congelada. Mientras, sus compañeros cepillarán el suelo a fin de modificar el efecto giratorio (curl) que el lanzador impartió inicialmente a la piedra y, de esta manera, intentar que esta se acerque lo máximo posible a un blanco.

Aunque recién llegado a los Juegos Olímpicos (en 1998), el curling cuenta con una larga y rica historia. «Absolutamente todas las piedras del curling olímpico proceden de una pequeña isla escocesa: Ailsa Craig», explica Erika Brown, capitana del equipo femenino de Estados Unidos. «No existen piedras que giren como las de Ailsa Craig.»

La isla, situada a unos quince kilómetros de la costa escocesa, ocupa unas 90 hectáreas. De ella salen las dos variedades de granito que se usan en las competiciones de élite. La capa que se desliza sobre el hielo se fabrica con cierta variedad azul; la central, o capa de golpeo, con granito verde común. «El revestimiento de piedra que avanza sobre el hielo ni se astilla ni absorbe agua; pero, sobre todo, su comportamiento resulta muy predecible. Siempre sabes qué va a pasar con el lanzamiento», asegura Brown. «Además, la capa central no se rompe cuando las piedras chocan.»

Ese comportamiento puede explicarse a partir de la historia geológica de la isla, formada hace 60 millones de años. Ailsa Craig es una intrusión volcánica. Como explica John Faithfull, geólogo de la Universidad de Glasgow, se trata de una masa de magma que se abrió paso entre las formaciones preexistentes. El magma se enfrió con rapidez y formó granito, mientras que la roca circundante se erosionó. Faithfull aclara que, al final, lo único que sobrevivió fue la roca que hoy forma Ailsa Craig, muy dura y resistente.

A medida que cristalizaba, la roca volcánica desarrolló una superficie robusta y uniforme. «Cuando el magma se enfría tan rápido, se forman cristales muy pequeños. Estos se entrelazaron y surgieron enlaces químicos entre ellos», apunta Martin Gillespie, del Servicio Geológico Británico. «Y tampoco parece que tenga microgrietas», concluye.

Las cualidades únicas de ese granito lo convierten en un «patrón oro», asegura Brown. «Para quienes practicamos el curling, la isla es un lugar místico.»

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