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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2013Nº 439
Curiosidades de la física

BIOMECÁNICA

El fundíbulo del futbolista

Para lograr una transferencia eficiente de energía, los artilleros de la Edad Media empleaban, sin saberlo, un péndulo doble. Hoy, futbolistas y golfistas hacen lo mismo.

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Los futbolistas profesionales pueden llegar a comunicar al balón una velocidad de 120 o 130 kilómetros por hora. Para llevar a cabo semejante proeza, ejecutan un movimiento muy concreto en el que todo el esfuerzo lo ejerce el muslo mucho antes de que se produzca la patada: cuando el pie entra en contacto con el balón, la pierna se encuentra estirada y con los músculos relajados. Este mecanismo, muy eficiente a la hora de transmitir la energía muscular a la pelota, se emplea en numerosos dispositivos; entre ellos, los fundíbulos medievales.

Ya se trate de fútbol o de golf, el objetivo del deportista consiste en comunicar, con su sola fuerza muscular y en un único gesto, la máxima velocidad al balón o a la pelota. En ambos casos, el balón de fútbol (400 gramos) o la pelota de golf (45 gramos) son más ligeros que la parte rígida que los golpea (el pie o la cabeza del palo). Tras el impacto, el proyectil adquiere una velocidad igual a la del objeto que lo golpea multiplicada por cierto coeficiente. Debido a la naturaleza «blanda» del golpe, dicho coeficiente resulta algo mayor que la unidad. El cociente entre la masa del proyectil y la del objeto que lo impulsa no desempeña aquí un papel relevante.

Así pues, importa poco que se trate del pie, el conjunto pie-pantorrilla o el conjunto pie-pantorrilla-muslo lo que esté en movimiento en el momento del golpe. Lo que buscamos es imprimir al pie la máxima velocidad. A tal fin, futbolistas y golfistas recurren a uno de los dispositivos mecánicos más eficaces: dos brazos articulados que giran con libertad uno con respecto al otro.

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