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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2013Nº 439

Astrogeología

Meteoritos primitivos

El análisis microscópico de las condritas, las rocas más antiguas del sistema solar, nos informa del aspecto que presentaba nuestro vecindario cósmico antes de que se formasen los planetas.

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Siento cierta compasión por los astrónomos. Solo pueden observar los objetos de su interés (estrellas, galaxias, cuásares) desde la distancia, en la pantalla de un ordenador o en forma de ondas de luz proyectadas por apáticos espectrógrafos. Sin embargo, quienes estudiamos planetas y asteroides podemos acariciar los fragmentos de nuestros cuerpos celestes más queridos. Durante mi licenciatura en astronomía pasé más de una noche de frío observando cúmulos estelares y nebulosas a través del telescopio. Y doy fe de que, desde un punto de vista emocional, sostener un fragmento de asteroide en las manos resulta mucho más reconfortante. Nos permite establecer un contacto real con unos objetos que, de otro modo, parecerían distantes y abstractos.

Los fragmentos de asteroide que más me atraen son las condritas. Estas rocas constituyen más del 80 por ciento de los meteoritos que caen desde el espacio. Deben su nombre a los cóndrulos que presenta la inmensa mayoría de ellas: diminutas esferas de material fundido que, a menudo, no superan el tamaño de un grano de arroz. Esos pequeños abalorios se formaron antes que los asteroides, en los estadios iniciales del sistema solar. Vistas al microscopio, las láminas delgadas de condritas presentan una gran belleza, no muy distinta de la que podemos apreciar en los cuadros de Wassily Kandinsky y otros artistas abstractos.

Las condritas son también las rocas más antiguas que los humanos hemos tocado jamás. Según las dataciones radioisotópicas, su origen se remonta a más de 4500 millones de años atrás; una época previa a la formación de los planetas, en la que el sistema solar no era más que el disco de gas turbulento que los astrónomos denominan nebulosa solar. La edad y composición de las condritas revela que constan de los mismos materiales primigenios que, tiempo después, se agregaron para formar planetas, satélites, asteroides y cometas.

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