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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2015Nº 467

Espacio

Un cohete para llegar a Marte

¿Es el Sistema de Lanzamiento Espacial de la NASA una maniobra política o la mejor oportunidad de enviar seres humanos al planeta rojo?

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Una gigantesca pero poco conocida instalación de la NASA ha estado albergando durante años minuciosos simulacros de misiones espaciales. No se trata de ninguna teoría de la conspiración: es la triste historia de la Planta de Montaje de Michoud, el vasto complejo de Nueva Orleans en el que la agencia ha construido durante décadas sus mayores cohetes.

Tras el último vuelo del transbordador espacial, en 2011, las inmensas instalaciones fueron arrendadas a estudios de Hollywood, que las aprovecharon para alojar parte de la producción de El juego de Ender y otras películas de ciencia ficción.

Desde hace un tiempo, sin embargo, una tropa creciente de ingenieros de la NASA ha regresado a Michoud para hacerse cargo de una nueva producción: la secuela de los grandes días en los que la agencia enviaba vuelos tripulados al espacio. Las instalaciones han vuelto a la fabricación de cohetes para encargarse del vehículo espacial más ambicioso de la historia: el Sistema de Lanzamiento Espacial, también conocido por sus siglas en inglés, SLS.

El SLS es el cohete con el que la NASA espera enviar desde Cabo Cañaveral una tripulación de astronautas a Marte. En un viaje de aproximadamente un año, la nave también deberá transportar los módulos de vivienda, vehículos y suministros necesarios para que los intrépidos exploradores pasen al menos unas semanas en el polvo oxidado del planeta rojo. Aunque dicho objetivo se encuentra a unos 25 años vista, antes de eso el SLS debería poder llevar seres humanos a la Luna, a un asteroide o enviar una sonda para buscar vida en Europa, una de las lunas de Júpiter. Se trata de uno de los proyectos más audaces jamás emprendidos por la NASA. Entonces, ¿por qué tanta gente lo odia?

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