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El ciclo del supercontinente

En la historia de la Tierra, los continentes se han reunido varias veces en un solo cuerpo que luego se ha roto. El proceso, que parece ser cíclico, podría condicionar la geología y el clima y, con ello, influir en la evolución biológica.

¿Es la tectónica de placas un proceso estocástico o discurre de modo ordenado? Según la teoría de ese mismo nombre, la capa exterior, rígida, de la Tierra, la litosfera, es un mosaico de lajas que se mueven unas respecto de las otras a velocidades cuyo promedio se cifra en unos pocos centímetros anuales. Las placas flotan sobre una capa caliente y plástica del manto terrestre, la astenosfera. La mayoría de los movimientos de las placas los impulsa la expansión del fondo del mar, en virtud de la cual, asciende, a través de la litosfera, material fundido de la astenosfera, que mana en altas prominencias, o dorsales, del fondo del océano; allí se enfría y se convierte en la corteza que constituye el fondo oceánico. Conforme va creándose, la corteza oceánica se va alejando de las dorsales mesoceánicas, en dirección a los continentes. Si el fondo oceánico y el continente adyacente se encuentran en la misma placa litosférica, el continente se ve arrastrado por la cinta transportadora de corteza oceánica. En caso contrario, la corteza oceánica se hundirá bajo el continente y retornará al manto en un proceso de subducción.

Solemos describir los continentes como objetos pasivos que avanzan transportados por la propia expansión del fondo del mar. Pero no quedan indemnes: los procesos de tectónica de placas dejan huella en ellos. Chocan y se asocian bloques de corteza continental, formando nuevos continentes de mayor extensión; algunos continentes se cuartean en profundas fracturas que, en última instancia, constituyen los centros de nuevas cuencas oceánicas. La historia de la tierra aporta pruebas de que los continentes han experimentado varias veces esos procesos a gran escala y de que la mayoría de aquéllos, si no todos, se han congregado en un supercontinente, que se subdividió luego en muchos menores, para volverse a juntar en un nuevo supercontinente.

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