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1 de Octubre de 2017
Sostenibilidad

Aprovechar la basura

Diseñar ciudades sostenibles exigirá reconvertir los residuos en materias primas.

Máquinas excavando entre escombros en Shenzen, China, tras el derrumbe de una montaña de residuos que dejó enterrados decenas de edificios. [GETTY IMAGES]

El 20 de diciembre de 2015, el derrumbe de una montaña de residuos urbanos en la ciudad china de Shenzhen causó al menos 69 víctimas mortales y destruyó decenas de edificios. El desastre inspiró las torres de desechos retratadas en 2008 en la distópica película infantil WALL-E, que describía la horrible pero real perspectiva de una Tierra devastada por la acumulación incontrolada de basura. Un modo eficaz de hacer sostenible una ciudad consiste en reducir todos los flujos de desechos y emplearlos como recursos. Los residuos de un proceso se convierten así en la materia prima de otros.

Buena parte de la población mundial continúa migrando hacia las ciudades, lo que sitúa a los núcleos urbanos en primera línea a la hora de solucionar el problema de los recursos a escala mundial. Los alcaldes asumen cada vez más responsabilidades relacionadas con esta cuestión, sobre todo en países donde el entusiasmo nacional por las cuestiones ambientales se ha enfriado. Los acuerdos del clima alcanzados en 2015 en París también reconocieron el papel clave de las ciudades. Más de un millar de alcaldes acudieron a la capital francesa para compartir sus compromisos de reducir las emisiones de CO2. Modificar los códigos de construcción e invertir en eficiencia energética son solo dos medidas iniciales que, según numerosos dirigentes, podrían ponerse en marcha mucho más rápido desde los ayuntamientos que desde los Gobiernos nacionales.

Es lógico que las ciudades den un paso adelante. La población de algunas de ellas (Nueva York, Ciudad de México, Pekín) supera a la de países enteros, y el paisaje urbano emerge allí donde se concentran numerosos desafíos vitales. Las ciudades pueden liderar el cambio porque son capaces de aportar soluciones con rapidez y porque constituyen laboratorios vivientes para mejorar la calidad de vida sin agotar los recursos del planeta, contaminar el aire y el agua o dañar nuestra salud.

En las ciudades abunda la energía desperdiciada, el CO2 desperdiciado, la comida desperdiciada, el agua desperdiciada, el espacio desperdiciado y el tiempo desperdiciado. Reducir cada flujo de residuos y gestionarlo como un recurso, en lugar de como un coste, podría solucionar múltiples problemas a la vez y crear un futuro más sostenible para miles de millones de personas.

La contaminación como solución

En la historia hallamos abundantes lecciones sobre los residuos. En el siglo XIX, el médico londinense John Snow dedujo que los devastadores brotes de cólera que habían azotado la capital británica en 1848 y 1854 se debieron a que los pozos de agua estaban contaminados por el alcantarillado. La construcción de cloacas era la solución más obvia, pero los dirigentes políticos desestimaron los hallazgos de Snow porque sus ideas no encajaban con la ideología predominante y porque el proyecto se consideraba demasiado caro. Un rechazo similar sufren los climatólogos actuales, que sostienen que nuestros residuos consumen nuestras vidas, aunque de una forma más lenta e indirecta, y que solucionar el problema requerirá grandes inversiones en nuevas infraestructuras. Más adelante, Snow sería reivindicado como un héroe —quizá les aguarde el mismo destino a nuestros científicos de hoy— después de que otros dirigentes planificasen un alcantarillado de casi 2000 kilómetros en una ciudad de tres millones de personas y pusieran así fin al problema del cólera. El proyecto también creó las encantadoras riberas que aún conforman el paisaje londinense y por las que pasean a diario un gran número de personas

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