Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Centrifugadoras caninas

Para secarse, numerosos animales efectúan rápidas sacudidas corporales. Dicho mecanismo es mucho más eficiente de lo que podría parecer. ¿A qué se debe?

Los perros no son los únicos animales que se sacuden para secarse. Otros mamíferos también lo hacen, desde roedores hasta osos. En 2012, un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia modelizó este comportamiento en 16 especies y halló que la frecuencia de las sacudidas depende como una potencia inversa del peso corporal. En el caso de los ratones, es tan elevada que nuestros ojos no pueden apreciar el movimiento. [GETTY IMAGES/DIETERMEYRL/ISTOCK]

Todo aquel que se halle junto a un ­perro que se está sacudiendo el agua de encima se percatará enseguida de lo eficiente que resulta la técnica. En cuestión de segundos, una gran parte del agua acumulada en el pelaje del animal sale despedida en todas direcciones. Eso explica por qué algunos perros se lanzan al agua sin vacilar incluso en aquellas situaciones en que la temperatura no invita precisamente a darse un baño.

Cuando el animal se sumerge, el líquido reemplaza parte del aire retenido en el pelaje. El agua conduce mejor el calor y aumenta unas 12 veces el ritmo al que este se transfiere del cuerpo al entorno, lo que conlleva un cierto riesgo de hipotermia. Por ejemplo, si un ­perro de 30 kilogramos con medio litro de agua en su pelaje esperase a que toda ella se evaporara por sí misma, perdería alrededor del 20 por ciento de la energía que obtiene al día mediante la ingesta de alimentos.

Al salir del agua tras un baño, sentimos de inmediato el efecto refrescante de la piel húmeda; aun cuando la temperatura exterior es agradable, la mínima brisa puede hacernos tiritar. Y dado que muchos animales terrestres pueden llegar a acumular grandes cantidades de agua en su tupido pelaje, su situación es notablemente más seria: mantener seco el cuerpo puede resultar clave para la supervivencia.

Fuerzas opuestas

Como tantos otros materiales, el pelaje de un perro es en buena parte hidrófilo; es decir, el agua se adhiere a él con facilidad. En última instancia, esto ocurre porque la formación de una interfase entre el pelo y el agua requiere menos energía que la de una interfase con el aire, lo cual genera una fuerza neta de adhesión.

Para vencerla y conseguir que las gotas se desprendan del pelaje, es por tanto necesario aplicar una fuerza opuesta. Las gotas con un cierto tamaño mínimo y una superficie de contacto con el pelaje relativamente pequeña suelen caer por efecto de la gravedad. Sin embargo, al principio la mayor parte del agua queda atrapada.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.